Dirección Federal de Redes Sociales Internacional.
Publicamos todo tipo de noticias relacionadas con análisis y comentarios sobre Economía, Finanzas, Educación, Relaciones Publicas, Ciencias Políticas, Negocios, Internet, Tecnología Electrónica, Contabilidad, Impuestos, Redes Sociales. Todo lo Relacionado a la División Internacional – Seccionales del Exterior PRD, la Dirección Técnica Internacional, Coordinación Internacional de Comunicaciones
WWW.ENILDODIPUTADO.COM
Cortesia del blog Educativo de Noticias del Lic Enildo Rodriguez Nunez MBA PhDP
Fuentes externas
Una Noticia de Diario Libre
Qué hará el PRM con los del PRD?
Los que dieron el salto esperan su borona...
Gente del PRD dejaba su partido y se iba al PRM y era una bendición del cielo. No se conocían razones ni se explicaban motivos, pero se suponían. Con un buey cansado y un jacho apagado era oportuno hacer esa especie de crossover, casi un reencuentro con antiguos compañeros.
Lo que no pensaron los parciales del Moderno era que más tarde o más temprano habría que pagar pasaje y también peaje, pues no se viaja de gratis ni se sale de ciudad sin pagar impuesto. Podía usarse tarjeta o conceder un fiado, pero acordarse que no hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague. Calle de la Veracruz.
Ahora es ahora, y llega el tiempo de que el motorista con casco vaya a cobrar la nevera y el dueño de la casa no pueda esconderse.
El PRM se impuso en los municipios más importantes y los ayuntamientos deberán operar como agencias de empleo.
Por cada peledeísta que salga deberá entrar un perremeísta. Hasta ahí todo bien.
Propaganda POLITICA pagada
GONZALO CASTILLO
CANDIDATO PRESIDENCIAL DEL PLD-PRD
PRD-PLD JUNTOS INVENCIBLES
GONZALO CASTILLO PRESIDENTE
MARGARITA CEDENO VICEPRESIDENTE
Solo que al llamado acudieron ex perredeístas y los perremeístas temen que se cuenten entre los escogidos. Recuerdan que los últimos serán los primeros.
Los miran con ojeriza y los llaman Marielitos Blancos.
La inmigración al revés: volver a Marruecos en lugar de salir
Cortesia del blog educativo de noticias del
Lic. Enildo E Rodriguez Nunez MBA PhDP
FUENTES EXTERNAS Una noticia de Yahoo.
Ceuta, 29 abr (EFE).- El confinamiento por el coronavirus ha hecho cambiar muchas costumbres y modos de proceder y uno de ellos tiene que ver directamente con la inmigración. Ahora estamos asistiendo a intentos de salida de marroquíes desde Ceuta para volver a su país en lugar de intentos de entrada.
Fuentes policiales han señalado a Efe que desde que se decretó el estado de alarma el pasado día 13 de marzo ya se ha procedido a la detención de catorce marroquíes que pretendían lanzarse a nado desde la playa del Tarajal de Ceuta, muy próxima a la frontera.
Asimismo, otros dieciséis sí han logrado con éxito la travesía de vuelta a casa a nado, teniendo en cuenta la escasa distancia que separa la playa ceutí del primer tramo costero marroquí.
Los primeros lo consiguieron el 16 de marzo, cuando cinco marroquíes se lanzaron al agua y llegaron a nado a Marruecos, hecho que se repitió cinco días después con otros cuatro compatriotas más.
Frontera
La situación se está produciendo debido a que Marruecos cerró su paso fronterizo terrestre el 13 de marzo, negándose a abrirlo para la entrada de sus nacionales.
En este periodo, el país vecino únicamente permitió durante unos días la salida de españoles y de turistas de diversas nacionalidades -principalmente con autocaravanas- que se habían quedado aislados en su territorio.
Sin embargo, las puertas de Ceuta a Marruecos permanecen totalmente cerradas y sin una fecha concreta para su reapertura, según han informado a Efe fuentes del Gobierno autonómico.
La escasa distancia de la playa ceutí del Tarajal a Marruecos -que incluso de puede atravesar andando en momentos de la marea muy baja-, hacen que este nuevo "circuito migratorio" haya cobrado un especial protagonismo.
La totalidad de estos marroquíes están viviendo en el pabellón cubierto de La Libertad, el cual tuvo que ser habilitado por el Gobierno ceutí para acoger a los inmigrantes y trabajadores transfronterizos marroquíes que se quedaron sin poder volver a su país de origen por el cierre de fronteras.
En este recinto han llegado a convivir hasta 202 marroquíes, aunque la cifra de ocupación se ha reducido a 168 personas tras la fuga en la madrugada de ayer de una treintena de los acogidos, que rompieron una de las puertas de acceso al pabellón.
Ramadán
Estos treinta fugados tienen como objetivo regresar a su país de origen, sobre todo por que se inició el 25 de abril el sagrado mes de ayuno del Ramadán, una de las fechas más importantes del islam y que suelen pasar en familia.
Por esta circunstancia, fuentes de la Guardia Civil han reconocido a Efe que en los próximos días podría aumentar la cifra de intentos de regresar a nado a Marruecos, ya que el único objetivo de estos marroquíes es poder estar en su lugar de origen durante el mes de ayuno y oración.
De hecho, en el pabellón también se han producido intentos de motín en señal de protesta por la comida que reciben para la ruptura del ayuno, al no considerarla acorde en cuanto a calidad y cantidad.
Sin duda, los intentos de volver a nado a Marruecos -dieciséis al menos con éxito y otros catorce abortados- indican que la inmigración se ha vuelto del revés.
¿Quién iba a pensar eso hace unas semanas?, se pregunta ante Efe un incrédulo agente de la Guardia Civil.
Muerte de Hitler: Demmin, la pequeña ciudad alemana donde centenares de personas se suicidaron ante la llegada del Ejército Rojo
Por Ángel Bermúdez (@angelbermudez) - BBC News Mundo
fuentes externas BBC News Mundo
En 1936, en plena euforia nazi Demmin celebró sus "700 años como ciudad alemana".
Algunas familias se lanzaron al río con piedras atadas a sus cuerpos para intentar ahogarse juntos.
Otras se colgaron de árboles.
En unos casos, le correspondió al padre matar a sus hijos y a su esposa antes de volarse la cabeza con una pistola.
También hubo quienes buscaron una muerte más discreta, como las madres que echaron mano de un veneno para acabar con su vida y la de los suyos.
O aquellos que optaron por abrirse las venas con una cuchilla de afeitar para perecer desangrados.
En apenas 72 horas, entre el 30 de abril y el 2 de mayo de 1945, hace ahora 75 años, centenares de personas pusieron fin a sus vidas en la pequeña localidad germana de Demmin, ubicada en la región de Mecklemburgo-Pomerania Occidental.
Es el mayor suicidio colectivo de la historia de Alemania.
"Sobre la base de las fosas comunes y de las tumbas individuales se estima que hubo unas 1.000 muertes, la mayor parte por suicidio", dice a BBC Mundo Karsten Behrens, historiador militar y director de Demminer Heimatverein, una asociación dedicada a la preservación de la memoria y las tradiciones de esa ciudad.
"Muchos cuerpos flotaban en el río Peene. Llevó semanas recuperar todos los cadáveres y enterrarlos en una fosa común", agrega.
La pequeña localidad tenía entonces unos 15.000 habitantes, además de varios miles de refugiados que intentaban escapar del Ejército Rojo.
Map: Mapa de Alemania que muestra la ubicación de Demmin y de Berlín.
Durante aquellos últimos días de la II Guerra Mundial, cuando Berlín caía ante el asedio de unos tres millones de soldados soviéticos, el suicidio era un fenómeno recurrente en una Alemania que estaba a punto de capitular.
Luego de librarse del largo asedio nazi sobre su país, las tropas soviéticas avanzaron hacia occidente desde lugares como Odesa hasta llegar a Berlín.
Demmin no era la capital del Reich ni mucho menos. Sin embargo, fueron muchos los hogares en los que fallecieron todos los miembros.
Pese a todo, la tragedia fue acallada durante la Guerra Fría debido a las lealtades que los dirigentes de la Alemania comunista le debían a la Unión Soviética.
Una guerra remota y cercana
Paradójicamente, la guerra no había sido dura con Demmin.
La ciudad, que vivía fundamentalmente del procesamiento de productos agrícolas y de la reparación de maquinaria para el campo, había permanecido indemne incluso cuando la guerra había cambiado de rumbo y los bombardeos golpeaban con fuerza el suelo alemán, dejando en ruinas lugares como Hamburgo o Dresde.
Aunque en el bosque cercano de Wolderforst había un campo de detención con cientos de prisioneros de guerra -principalmente soviéticos- que eran forzados a trabajar en una fábrica de municiones de las Fuerzas Armadas alemanas, el impacto del conflicto comenzó a sentirse, en realidad, a partir de febrero de 1945, con el flujo incesante de refugiados que huían de localidades más al este del país.
En un campo de detención cercano a Demmin, los prisioneros de guerra soviéticos eran obligados a trabajar fabricando municiones para los nazis.
Alojados inicialmente en albergues improvisados, luego en las habitaciones disponibles en las casas y, finalmente, también en las calles al descampado, la presencia de refugiados era la principal señal de que las cosas no iban bien.
Incluso los bombarderos aliados que empezaron a verse de forma ocasional por el cielo, haciendo sonar las alarmas, pasaban de largo hacia objetivos más importantes como Stettin o Berlín.
En alguna ocasión había sido atacada la base áerea en Tutow, a unos 10 kilómetros de distancia, pero ninguna bomba había caído sobre Demmin.
Durante los primeros meses de 1945 hubo un flujo incesante de refugiados procedentes del este de Alemania que huían del avance del Ejército Rojo.
Conscientes del peligro que se dibujaba en el horizonte, muchos residentes optaron por escapar hacia el oeste. Si iban a ser prisioneros en un país ocupado, mejor quedar en manos de los estadounidenses y de los británicos que de los soviéticos.
Otros, como Marie Dabs, la dueña de una peletería, decidieron esperar con las maletas listas para marcharse junto a sus hijos Nanni, de 19 años, y Otto, de 15, confiando en las autoridades locales que habían desestimado la necesidad de evacuar.
En caso extremo, si era necesaria la huida, ella contaba con la promesa del jefe de policía de llevarlos consigo.
El 29 de abril la guerra asomó su sombra sobre Demmin, pero ya era demasiado tarde para escapar.
Trampa mortal
"¡Qué ingenua fui!", escribió Dabs al lamentar su error.
Su testimonio fue recogido en el libro "Promise me you'll shot yourself" ("Prométeme que te pegarás un tiro"), del historiador y documentalista alemán Florian Huber, quien reconstruyó los días finales del Tercer Reich en Demmin a partir de los diarios personales de decenas de personas.
El puente Kahlden, que se aprecia en esta fotografía de la década de 1930, fue destruido por los soldados alemanes, dejando atrapados a los habitantes de Demmin.
A pesar de que los residentes habían estado cavando zanjas antitanques para dificultar la llegada de los soviéticos, laWehrmacht(Fuerza Armada alemana) decidió retirar sus tropas y abandonar la pequeña ciudad sin dar la pelea.
No fueron los únicos. De la noche a la mañana, el alcalde, el administrador del distrito, los líderes de los partidos, los oficiales de las SS (el cuerpo de seguridad nazi) y todos los miembros de la policía abandonaron Demmin.
No habría sido tan grave si no fuera porque durante su retirada los militares alemanes bloquearon y, luego, dinamitaron los puentes que permitían escapar de la ciudad en dirección a occidente, dejando sin salida a los refugiados y a la población local.
Así, de repente, la ciudad conocida como "la tierra de los tres ríos" -por estar rodeada por el Peene, el Trebel y el Tollense- se convirtió en una cárcel al aire libre para sus habitantes, quienes irremediablemente estaban condenados a caer en manos de las tropas soviéticas.
"El oso soviético"
Durante la guerra, la propaganda nazi se había encargado de sembrar el miedo y el rechazo hacia el Ejército Rojo.
"Se decía que las 'hordas mongoles', como eran llamados los rusos, le cortaban la lengua y le sacaban los ojos a los niños, violaban a las mujeres", explicó Huber durante una entrevista con la Deutsche Welle tras la publicación de la primera edición de su libro en 2015.
En apenas tres días, luego de la entrada de las tropas soviéticas, Demmin quedó hecha ruinas.
"Esta narrativa sobre los rusos causaba terror, especialmente cuando los refugiados -que ya habían sufrido crímenes y abusos sexuales en otros lugares- agregaban sus experiencias a estos rumores".
"El pánico, reforzado por estas vivencias reales de violencia, llegó a un punto de ebullición. La gente creía que la única manera de escapar de estos horrores era suicidándose", explicó Huber.
Para el atardecer del 30 de abril, cuando el Ejército Rojo había tomado la ciudad, Demmin ya había comenzado a vivir una ola de suicidios.
Esa noche, soldados soviéticos saquearon las ventas de licor y comenzaron a entrar a las casas, llevándose todo lo que encontraban de valor y violando a las mujeres.
Huber recupera en su libro el testimonio de Karl Schlösser, quien estaba en su hogar cuando llegaron dos soldados soviéticos.
A primera vista, le sorprendieron gratamente pues "no se parecían nada a los soldados bolcheviques que había imaginado, los asesinos pirómanos".
Sin embargo, y pese a la apariencia amigable, al final uno de los soldados se llevó a su madre a otra habitación y la violó, mientras el otro cuidaba la puerta armado con su rifle y la familia permanecía allí sentada, incapaz de impedir lo que ocurría.
Al día siguiente, los abuelos se suicidaron.
"Algunas casas fueron incendiadas deliberadamente y la ciudad antigua se quemó casi completamente", señala Behrens sobre los efectos de la toma soviética.
En apenas 3 días, el 80% de las estructuras de la ciudad habían sido destruidas o dañadas.
Estas imágenes muestran el contraste entre cómo era Demmin antes y cómo quedó después de la llegada de las tropas soviéticas.
La venganza de las "hordas mongoles" que había predicho la propaganda nazi se estaba haciendo realidad y, ciertamente, no era muy distinto de lo que habían hecho las propias tropas alemanas durante su largo asalto sobre la Unión Soviética, que había dejado más de 20 millones de muertos, la mitad de ellos civiles.
Una vida sin rumbo ni honra
Pero no solamente el temor a las violaciones por parte de soldados del Ejército Rojo o la vergüenza que estas acarreaban impulsaron a los habitantes de Demmin al suicidio.
Huber describe cómo esta ciudad compartió durante las décadas de 1920 y 1930 el antisemitismo y el resto de creencias que alimentaron el nazismo y cómo el partido de Hitler encontró allí amplio apoyo, incluso antes de su ascenso al poder en 1933.
El Partido Nazi gozó de amplio apoyo entre los residentes de Demmin desde la 1933 hasta el final de la II Guerra Mundial.
Según su relato, Hitler despertaba una suerte de frenesí entre sus habitantes, muchos de los cuales mantuvieron hasta el final su fe en el Führer.
"Los nazis habían obtenido más del 50% de los votos en las elecciones (realizadas en Demmin) entre 1933 y 1945. En 1936, se hizo un festival para celebrar '700 años de la ciudad alemana'. La resistencia (a los nazis) no estaba allí", indica Behrens a BBC Mundo.
Así, cuando se produjo la caída del Tercer Reich muchos perdían su referente, su marco de orientación en la vida.
En su libro "El suicidio en la Alemania nazi", Christian Goeschel escribe que los suicidios ocurridos antes de la caída de ese régimen "tienen en común un sentimiento general de inseguridad y una carencia de perspectivas futuras".
Esta falta de norte parece reflejarse en el texto que escribió Magda Goebbels, la esposa del ministro nazi de propaganda, Joseph Goebbels, antes de matar a sus seis hijos y de quitarse la vida junto a su marido: "El mundo que vendrá después del Führer y del Nacional Socialismo no merecerá ser vivido, así que me llevo a mis hijos conmigo".
Joseph y Magda Goebbels mataron a sus seis hijos pequeños antes de quitarse ellos la vida tras la muerte de Hitler. El uniformado de la foto es Harald Quandt, hijo del primer matrimonio de Magda Goebbels.
El propio líder nazi consideró el suicidio como una opción honrosa ante la derrota.
"El suicidio siempre fue una opción para Hitler, quien intentaba seguir el ejemplo de Roma, donde los líderes que fracasaban morían por su propia espada", apunta Goschel.
La promoción que hicieron los nazis del suicidio llegó a tal punto que tras el último concierto de la Filarmónica de Berlín antes del asalto final de los soviéticos sobre la ciudad, el 12 de abril de 1945, miembros de las juventudes hitlerianas ofrecieron cápsulas de cianuro a los asistentes, según la versión de Annemarie Kempf, secretaria de Albert Speer, conocido como el arquitecto de Hitler.
Sin embargo, Huber precisa que en el caso de Demmin hubo también suicidios motivados no por proteger el "honor", sino más bien por haberlo perdido.
La lealtad del régimen comunista de la República Democrática Alemana mantuvo un velo sobre lo ocurrido en Demmin tras la llegada de las tropas soviéticas. El debate se abrió tras el fin de la Guerra Fría.
Uno de esos podría haber sido el de Gerhard Moldenhauer, un izquierdista opositor al Führer que decidió unirse al partido nazi para que le permitieran trabajar como maestro.
El 30 de abril de 1945, Moldenhauer mató a tiros a su esposa y a sus tres hijos para después salir a la calle a disparar a varios soldados soviéticos antes de darse un tiro en la cabeza.
Años más tarde, Wilhelm Damann, un vecino y amigo del fallecido, consideró que Moldenhauer había traicionado sus principios e integridad a cambio de las comodidades materiales que los nazis le garantizaban.
"Yo lo veo como el acto de un jugador que apostó todo a una carta y se sabe perdido. Probablemente también hubo allí un elemento de vergüenza", escribió Damann en su diario.
Behrens cree que la ola de suicidios reflejaba un estado de pánico general.
"No hubo una entrega ordenada de la ciudad. La gente estaba asustada y desesperada. La muerte escogida parecía ser la única solución", señala.
"Hoy espero que podamos encontrar la paz", asegura este habitante e historiador de una localidad con un pasado difícil de olvidar.
El Reich de 1.000 años que Hitler prometió llegó a su fin al cabo de 12 años.
La impactante noticia que parecía anunciar el inminente fin de la II Guerra Mundial, la desaparición del hombre que "se había convertido ante los ojos de prácticamente todo el mundo en la encarnación del mal absoluto" -según el Times de Londres-, fue recibida con una incredulidad que duraría décadas.
A las 21:30 horas del 1 de mayo de 1945, la radio de Hamburgo informó que en breve haría "un anuncio grave e importante para el pueblo alemán", tras lo cual comenzó a transmitir música solemne de Richard Wagner, el compositor predilecto del líder nazi Adolf Hitler, seguido de un fragmento de la Séptima sinfonía de Anton Bruckner.
"Nuestro Führer, Adolf Hitler, ha caído esta tarde en su puesto de comando en la Cancillería del Reich luchando hasta su último aliento en contra del bolchevismo y por Alemania", dijo a las 22:20 un locutor antes de dar la palabra al comandante en jefe de la Armada alemana, Karl Dönitz, quien afirmó que el líder nazi había tenido "la muerte de un héroe" y que previamente le había nombrado como su sucesor.
La información oficial despertó muchas dudas.
"Los nazis han usado tanto la mentira como parte de su política y los informes sobre los supuestos dobles de Hitler están tan extendidos que esos anuncios van a dejar en muchas mentes la sospecha de que el maestro de la mentira intenta cometer un gran fraude final ante el mundo en un esfuerzo por salvarse", advirtió The New York Times (NYT) en una nota publicada al día siguiente.
En esa misma edición del periódico estadounidense se daba cuenta de cómo los habitantes de la ciudad alemana de Weimar, así como los exprisioneros del cercano campo de concentración de Buchenwald, cuestionaban la noticia.
"Los presos políticos alemanes con los que conversé, en general, no confían en la información. Sospechan que hay un truco detrás del anuncio. Hitler había sido tan bandido que algunos creen que era incluso incapaz de morir honestamente", reseñó el corresponsal.
Las muchas muertes del Führer
Con la ocupación soviética de Berlín, afloraron distintas versiones sobre lo ocurrido. Las historias cambiaban y se contradecían entre sí.
Aunque muchos celebraron el anuncio de la muerte de Hitler, abundaron también los escépticos que pensaban que la noticia formaba parte de una estratagema nazi.
El 3 de mayo de 1945, el Ejército Rojo informó que Hans Fritzsche, el número dos del ministro nazi de propaganda, Joseph Goebbels, había dicho que que este y Hitler se habían suicidado en el búnker del líder nazi en la sede de la cancillería en Berlín.
Ese mismo día, una emisora de radio en París afirmó haber recibido reportes según los cuales el Führer había sido asesinado la noche del 21 de abril, tras una disputa con sus propios generales sobre la conveniencia de continuar la guerra.
Las versiones se multiplicaban con los días.
La agencia de noticias japonesa Domei informó que había muerto durante un ataque de artillería soviética sobre su residencia.
Un despacho de la agencia informativa UP citaba a un ex alto funcionario del Ministerio de Exteriores nazi que creía que Hitler había fallecido varios días antes a causa de una hemorragia cerebral y que había sido llevado a la capital alemana para morir como un héroe. "Pueden estar seguros de que el cuerpo de Hitler no será descubierto", vaticinó.
Joseph y Magda Goebbels junto a sus seis hijos pequeños acompañaron a Hitler hasta el final y corrieron su misma suerte. El uniformado de la foto es Harald Quandt, hijo del primer matrimonio de Magda Goebbels.
Los esfuerzos por encontrar el cadáver parecían fracasar.
El 4 de mayo, la prensa soviética indicó que el Ejército Rojo no había logrado entrar en la sede de la Cancillería alemana -donde estaban las oficinas de Hitler- pues se encontraba en llamas y sus estructuras estaban al borde del colapso.
Dos días más tarde, los soviéticos afirmaron que habían hallado gran cantidad de cadáveres en la Cancillería, pero ninguno coincidía con Hitler ni con Goebbels. "Entre los rusos persiste la creencia de que la información sobre sus muertes es otro truco nazi y que Hitler y sus allegados están vivos y ocultos", señalaba desde Moscú la agencia AP.
El búnker de Hitler estaba oculto en la sede de la Cancillería alemana.
El 8 de mayo, un general ruso anunció el hallazgo en las ruinas de Berlín de un cuerpo abaleado que fue identificado como Hitler por miembros de su propio servicio doméstico, aunque un chofer aseguraba que era el cadáver de uno de los cocineros que también servía como "doble" del Führer.
Dos semanas más tarde, la inteligencia soviética reveló que de acuerdo con el personal que atendía a Hitler, este había recibido la eutanasia el 1 de mayo a manos de un médico de nombre Morel debido a que se hallaba medio paralizado y sufría mucho dolor.
De Berlín a Argentina
En junio de 1945, las autoridades soviéticas informaron que los restos de Hitler no habían sido encontrados y que, probablemente, él aún estaba con vida.
Ese mismo verano, empezaron a circular informaciones según las cuales el líder nazi había sido visto en diferentes lugares y muy distantes entre sí.
Una de las tantas versiones que circularon sobre el destino de Hitler aseguraba que había huido en un submarino hacia Japón.
"Se informó que Hitler estaba viviendo como ermitaño en una cueva cerca del lago Garda, en el norte de Italia. Otro reporte decía que ahora era pastor en los Alpes suizos. Una tercera versión apuntaba que era croupier en un casino en Evian (Francia). Fue visto en Grenoble, en St. Gallen (Suiza) e incluso frente a las costas de Irlanda", escribieron los historiadores Ada Petrova y Peter Watson en el libro "La muerte de Hitler".
Las autoridades estadounidenses interceptaron, en julio de 1945, una carta en la que se aseguraba que Hitler vivía en una hacienda en Argentina, ubicada a unos 700 kilómetros de Buenos Aires. El caso llegó hasta las manos del jefe del FBI, Edgar J. Hoover, quien terminó por desestimarlo.
Una década más tarde, un informe del jefe de la oficina de la CIA en Venezuela daba cuenta de que una fuente de la agencia había sido contactada por un exsoldado de las SS que decía haberse encontrado con Hitler un mes antes en Colombia. El documento aclaraba que esa oficina no estaba en condiciones de verificar la veracidad de la información y adjuntaba una foto del ex SS junto al supuesto Führer.
El engaño soviético
Pero ¿qué sucedió en realidad con Hitler?
Tras el éxito de su ofensiva sobre Berlín en abril de 1945, las fuerzas soviéticas se hicieron con el control del refugio que el Führer tenía en la sede de la Cancillería alemana.
Para julio de 1945, las fuerzas aliadas de Occidente se habían encontrado con las soviéticas en Berlín.
El 2 de mayo, miembros del cuerpo de contrainteligencia soviética -conocido como Smersh- sellaron el jardín de la Cancillería y el búnker donde el líder nazi se había instalado desde enero cuando el Ejército Rojo avanzaba sobre Polonia rumbo a Alemania.
La operación de búsqueda del cadáver fue ejecutada bajo el más absoluto secreto al punto de que, según el historiador Anthony Beevor, incluso al mariscal Georgy Zhúkov, comandante de las fuerzas soviéticas que ejecutaron el asalto sobre Berlín, le fue negado el acceso con el argumento de que "el lugar no era seguro".
Al mismo tiempo, iniciaron los interrogatorios a todo el personal que lograron identificar. De acuerdo con Beevor, el proceso era seguido con mucha atención e interés desde Moscú.
"(Josef) Stalin estaba tan desesperado por recibir noticias que un general del NKVD, predecesor de la KGB, fue enviado a supervisar los interrogatorios. Él recibió una línea telefónica segura con un codificador para que pudiera informar a Moscú después de cada entrevista", contó Beevor en un artículo publicado en The New York Times.
El 5 de mayo, los agentes del Smersh hallaron el cadáver de Hitler y de su pareja, Eva Braun, enterrados en un hueco abierto por una bomba en el jardín de la Cancillería.
Los cuerpos habían sido rociados con gasolina y estaban parcialmente quemados. El de Hitler era difícil de reconocer, por lo que una vez en la morgue le removieron la mandíbula para intentar identificarlo a partir de la dentadura. Esto pudo hacerse pocos días después, cuando los soviéticos ubicaron a Käthe Heusermann, asistente del dentista del Führer, quien les facilitó su historial médico y los datos requeridos con los que confirmaron que, en efecto, se trataba de él.
Los cuerpos de Hitler y de Eva Braun fueron enterrados y parcialmente quemados en una zanja abierta por una bomba en el jardín de la Cancillería alemana.
Posteriormente, un estudio de odontología forense realizado por los doctores Reidar F. Sognnaes, de la Escuela de Odontología de UCLA (California), y Ferdinand Ström, de la Universidad de Oslo, ratificó en 1973 que el cadáver recuperado era, en efecto, el de Adolf Hitler.
De una tumba a otra
Dado que los soviéticos habían confirmado desde el principio la muerte del líder nazi, ¿por qué siguieron alimentando durante años la idea de que estaba vivo?
"La estrategia de Stalin, evidentemente, era asociar a Occidente con el nazismo y hacer ver que los británicos o los estadounidenses debían estar ocultándolo", escribió Beevor en su libro "Berlín, la caída 1945".
Luke Daly-Groves, historiador en la Universidad de Leeds, considera que era una jugada política del dirigente comunista.
"Él sabía que los soviéticos habían hallado los restos del Führer cuando decía que Hitler podía haber escapado a España o a Argentina. Pero diciendo esto ayudaba a debilitar a sus oponentes políticos y fortalecía su posición en las disputas territoriales", escribió Daly-Groves en la revista NewStatesman.
Según los historiadores, Stalin tuvo gran interés por conocer el destino de Hitler pero, una vez que lo supo, guardó el secreto.
Al final de cuentas, la derrota del nazismo abrió las puertas al inicio de la Guerra Fría.
Moscú contaba con una gran ventaja para defender su versión: tomaron y controlaron Berlín de forma exclusiva de mayo a comienzos de julio de 1945, cuando se establecieron las zonas de ocupación.
Además, detuvieron y mantuvieron cautivos por años a varios de los sobrevivientes del búnker, incluyendo al ayudante de cámara de Hitler, Heinz Linge; a su asistente de campo, Otto Günsch, y a su piloto, Hans Baur.
En su empeño por ocultar la verdad, detuvieron en secreto a Käthe Heusermann, la asistenta dental que les ayudó a identificar el cadáver. Tras seis años en aislamiento, la condenaron por haber participado voluntariamente en el tratamiento odontológico del Führer.
Los restos de Hitler permanecieron al cuidado de la unidad Smersh que los encontró. Cada vez que esta se trasladaba, los llevaba consigo.
Los aliados occidentales de Stalin (izquierda), Harry S. Truman y Winston Churchill, no llegaron a Berlín hasta julio de 1945 para la Conferencia de Postdam.
Así, estuvo enterrado en un bosque a las afueras de Berlín, luego en la localidad de Rathenow (en el estado de Brandemburgo) y finalmente en una base que los soviéticos instalaron en 1946 en Magdeburgo, en el centro-este de Alemania.
No fue sino hasta 1968 cuando en un libro escrito por Lev Bezymenski, un periodista y agente de inteligencia soviético que participó en el asalto final a Berlín, se dieron a conocer públicamente detalles de los archivos que Moscú tenía sobre Hitler, así como de su autopsia.
Unas tres décadas más tarde, en 2009, el entonces jefe de Archivo de la policía secreta FSB (sucesora de la KGB), Vasily Khristoforov, informó que los restos de Hitler fueron incinerados en 1970 y las cenizas lanzadas al río Biederitz.
La medida fue recomendada por el entonces jefe de la KGB, Yuri Andropov, después de que la Unión Soviética acordó traspasar a Alemania oriental el control de la base en Magdeburgo.
Según explicó Khristoforov, los restos de Hitler fueron convertidos en ceniza para evitar que su tumba se convirtiera en un santuario nazi.
En 1970, siendo jefe de la KGB, el futuro secretario general del Partido Comunista de la URSS Yuri Andropov recomendó la quema de los restos de Hitler.
Moscú, sin embargo, conservó en la sede de la FSB la mandíbula con la dentadura de Hitler y en el Archivo del Estado un fragmento de su cráneo.
Entre el veneno y la bala
Un informe presentado en noviembre de 1945 por el historiador Hugh Trevor-Roper, quien durante la II Guerra Mundial sirvió como oficial de inteligencia británica y estuvo a cargo de investigar la muerte de Führer, sostuvo que este se suicidó en torno a las 15:30 del 30 de abril de 1945, junto a Eva Braun, con quien se había casado el día anterior. Él se quitó la vida detonando una pistola en su boca, mientras que ella habría ingerido una cápsula de cianuro.
Esta versión fue puesta en duda en el libro de Bezymenski, en el que se menciona además que al cadáver de Hitler le "faltaba una parte del cráneo".
Los periodistas Jean-Christophe Brisard y Lana Parshina, a quienes el gobierno de Vladimir Putin dio acceso parcial y controlado en 2016 a los archivos de Estado de la Federación Rusa, así como a archivos militares y de la policía secreta relacionados con el caso, señalaron que en la dentadura de Hitler se hallaron trozos de vidrio -lo que sugeriría que él tomó cianuro- y pusieron en duda que se haya pegado un tiro.
En una entrevista en 2018 con el diario Times of Israel, Parshina refirió que el líder nazi daba muestras de sufrir Parkinson durante sus últimos días, por lo que se preguntaba cómo pudo dispararse con su mano derecha en esas condiciones.
Heinz Linge (al centro de la imagen), el asistente personal de Hitler, fue uno de los testigos que estuvo en el búnker de Hitler hasta el final y que pudo contar luego los detalles de lo ocurrido.
Brisard, por su parte, destacó que no hallaron rastros de bala en la boca de Hitler, aunque cree posible que él haya pedido a alguien de confianza -como su asistente Heinz Linge- que le diera un tiro de gracia tras tomarse el veneno.
Otras versiones sugieren que se suicidó ingiriendo veneno y, luego, disparándose en la sien.
Brisard y Parshina creen que Putin está utilizando la historia de la muerte de Hitler como un instrumento político para sus propios fines, como hizo en su momento Stalin.
En todo caso, en general, los expertos coinciden en que el cadáver hallado por las fuerzas soviéticas es el de Hitler y en que la versión que ofreció la radio de Hamburgo y el almirante Dönitz aquel 1 de mayo de 1945 erraba en dos cuestiones centrales: el líder nazi no había muerto aquel día y, más importante aún, no lo hizo en combate.
Hitler y Eva Braun se casaron el 29 de abril de 1945, un día antes de morir.
No estaba en la vanguardia sino, más bien, se batía en retirada para evitar sufrir la suerte de Benito Mussolini -de cuya ejecución sumaria había sido informado dos días antes- o tener que rendir cuentas por sus actos ante la justicia.
El hombre que había prometido construir un imperio que duraría un milenio abandonaba la carrera tras pasar en el poder 12 años, en los que sacudió al mundo a sangre y fuego, dejando una Europa en ruinas y una Alemania destruida y ocupada.