Ceuta y Melilla no están ocupadas: Marruecos no puede reclamar como suyo lo que nunca perteneció a su Estado.
Una noticia de fuentes externas cortesia del blog educativo de noticias del Lic Enildo E Rodriguez Nunez MBA PhDP
Asesor Educativo Consultor de Marketing Politico
Empecemos por desmontar la falsedad desde su raíz: Ceuta y Melilla no son “territorios ocupados”. Son ciudades autónomas españolas, jurídicamente integradas en España, habitadas por ciudadanos españoles y sometidas plenamente a la Constitución y a las leyes españolas.
Marruecos puede reclamarlas, repetir que son “colonias” y utilizar esa narrativa cada vez que necesita presionar a Madrid. Pero una reclamación política no crea un título de soberanía. Repetir “ocupación” mil veces no convierte una ciudad española en territorio marroquí.
Y la cronología destruye el relato.
Ceuta pasó al dominio portugués en 1415 y permaneció bajo soberanía ibérica hasta quedar definitivamente reconocida como española en 1668. Melilla está vinculada a la Corona española desde 1497. Es decir, ambas ciudades llevaban siglos bajo soberanía peninsular antes de que apareciera el Marruecos independiente contemporáneo, cuya propia historia oficial sitúa su independencia en 1956.
Hay que expresarlo con precisión para no dejar espacio a una discusión tramposa: sí existieron en el norte de África sultanatos, reinos y dinastías anteriores, pero no existía el Estado marroquí moderno, independiente y con las fronteras actuales que hoy pretende presentarse como víctima de una ocupación española.
Marruecos no puede retroceder cinco siglos, apropiarse retrospectivamente de todos los territorios que hoy rodean sus fronteras y declarar que cualquier presencia anterior a su independencia constituye una ocupación. La geografía no borra la historia. La cercanía tampoco concede propiedad.
La ley española tampoco deja margen a la ambigüedad. Los estatutos de autonomía de ambas ciudades establecen que Ceuta y Melilla son “parte integrante de la Nación española”. No son posesiones administradas temporalmente desde Madrid. No son protectorados. No son territorios esperando independencia. Son España.
Y la Organización de las Naciones Unidas marca una diferencia que Marruecos intenta esconder: Ceuta y Melilla no aparecen en la lista de territorios no autónomos pendientes de descolonización. El Sáhara Occidental sí aparece desde 1963. Por tanto, mezclar ambos casos no es un error inocente: es una maniobra política destinada a fabricar una equivalencia que no existe.
El Sáhara Occidental mantiene un proceso internacional de descolonización sin resolver. Ceuta y Melilla poseen siglos de continuidad histórica bajo soberanía ibérica y española, un orden constitucional vigente y una población cuyos derechos políticos son los de cualquier ciudadano español.
Esa es la diferencia que debe decirse sin complejos:
España no ocupa Ceuta y Melilla. España ejerce soberanía sobre dos ciudades españolas.
Lo que hace Marruecos es otra cosa: aprovechar cada crisis migratoria, cada disputa diplomática y cada alianza con una potencia extranjera para convertir una aspiración expansionista en una supuesta causa anticolonial.
Y precisamente por eso importa el homenaje a Donald Trump. Bautizar con su nombre una gran vía estratégica no es solamente un gesto de gratitud. Es Marruecos premiando al dirigente estadounidense que reconoció su reclamación sobre el Sáhara Occidental y enviando un mensaje a España: Rabat está dispuesto a utilizar sus alianzas internacionales para seguir empujando sus pretensiones territoriales.
Pero ni Trump, ni Mohamed VI, ni Netanyahu, ni una carretera de mil kilómetros pueden reescribir cinco siglos de historia.
Ceuta es española. Melilla es española. No son territorios marroquíes ocupados. Y Marruecos no adquiere soberanía sobre ellas por desearlas, reclamarlas o amenazar con convertirlas en la próxima moneda de cambio geopolítica.
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