sábado, 24 de octubre de 2026

CHE GUEVARA EN LA ONU 1964,LE GRITARON" COMUNISTA, TERRORISTA", 5 MINUTOS QUE HICIERON HISTORIA

 


Una publicacion cortesia del Blog Educativo de Noticias del Lic.Enildo Rodriguez Nunez, MBA, PhDP


CHE GUEVARA en ONU Cuando USA Gritó “¡Terrorista Comunista!” — 5 Minutos Que Hicieron Historia…


El frío de Manhattan en diciembre tiene una forma especial de meterse en los huesos. Ese 11 de diciembre de 1964, a las 13:47, el cielo estaba gris y bajo, como si también cargara tensión. Afuera, el edificio de las Naciones Unidas se alzaba como una lanza de cristal y acero contra el río: un monumento moderno a la esperanza de paz. Pero adentro, en el gran salón de la Asamblea General, no se respiraba esperanza. Se respiraba Guerra Fría.


Era una de esas tardes en las que el mundo parecía un tablero de ajedrez gigante, y cada palabra podía convertirse en un movimiento irreversible. Dos años antes, la crisis de los misiles en Cuba había dejado al planeta al borde del abismo nuclear. Las heridas seguían abiertas. La desconfianza era total. Y ahí estaban, sentadas frente a frente, 193 delegaciones nacionales midiendo silencios, pesando miradas, escuchando no solo lo que se decía, sino lo que se insinuaba entre líneas.


En las gradas del público, periodistas de todos los continentes tenían las cámaras listas. No iban a cubrir un discurso diplomático rutinario; iban a presenciar un choque. Lo sabían. Cuando un hombre como Ernesto “Che” Guevara hablaba, las palabras dejaban de ser palabras y se convertían en hechos.


El Che subió al podio central con una calma que no era calma: era control. Tenía 36 años, pero su presencia llenaba el salón como si tuviera cien. Llevaba su uniforme verde oliva, impecablemente planchado para la ocasión. La barba, recortada con precisión. La boina con la estrella, perfecta sobre el cabello. Y lo que verdaderamente impactaba no era la estética militar: era su mirada, intensa, desafiante, cargada de una convicción que parecía capaz de mover montañas.


Caminó hacia el micrófono con la seguridad de alguien que había escuchado disparos muy cerca, que había visto hombres caer, que había vivido la victoria y la persecución. Cada paso resonó en el silencio del salón como si marcara el ritmo de una historia que todavía estaba escribiéndose.


Desde la delegación del bloque socialista —la Unión Soviética, China, Checoslovaquia, Polonia— lo miraban con expectativa, como quien observa a un símbolo vivo. Los países recién descolonizados de África y Asia —Argelia, Ghana, Egipto, Indonesia— veían en él una posibilidad: la idea de que un pueblo pequeño podía plantarse ante un poder gigante y sobrevivir. Pero en la delegación estadounidense la hostilidad era casi visible: rostros tensos, informes de inteligencia apretados entre manos, un gesto contenido que parecía decir “este hombre no debería estar aquí”.


Porque el Che no era solo un ministro cubano. Era la cara de una revolución que había desafiado al imperio más poderoso del mundo, y no solo había resistido: había cambiado el guion. Y eso, en el teatro de la Guerra Fría, era una provocación permanente.


Se detuvo frente al micrófono, miró lentamente alrededor del salón y comenzó.


Su voz, amplificada por el sistema de sonido, llegó clara y potente a cada rincón. Tenía el acento inconfundible de Argentina, pero también la cadencia de alguien que aprendió a convertir cada frase en una herramienta.


—Señor presidente, distinguidos delegados de las naciones del mundo… vengo aquí en nombre del pueblo de Cuba, una pequeña nación que ha tenido el valor de defender su derecho a la independencia y la soberanía contra el imperio más poderoso que ha conocido la historia de la humanidad.


Los traductores simultáneos trabajaban febrilmente para transformar su español en inglés, francés, ruso, árabe, chino. Pero incluso quienes no entendían una sola palabra sentían la tensión y la pasión. Había algo en ese tono —orgullo contenido, indignación exacta— que atravesaba cualquier idioma.


El Che fue directo al corazón del tema: recordó que hacía apenas unos años Cuba era una semicolonia; que el azúcar, la tierra, las industrias estaban en manos de corporaciones extranjeras; que el pueblo vivía en la miseria mientras otros se enriquecían con sus recursos. En la delegación estadounidense, algunas caras se endurecieron. Cada frase era una acusación con nombre y apellido.


—El pueblo cubano dijo: “Basta”. Se levantó, recuperó su dignidad. Expulsamos a los explotadores. Redistribuimos la tierra entre quienes la trabajaban. Nacionalizamos industrias que durante décadas habían sangrado nuestra economía.


Hizo una pausa breve, como si estuviera poniendo una piedra sobre otra, construyendo una pared con paciencia.


—Y cuando tuvimos el atrevimiento de actuar como una nación soberana, el gobierno de Estados Unidos desató contra nosotros una campaña de agresión que no tiene precedentes en la historia moderna del hemisferio.


Enumeró, metódico, como quien lee una lista de heridas: el embargo económico, Bahía de Cochinos, los intentos de asesinato, el sabotaje, la presión diplomática para aislar a Cuba. Cada palabra caía en el salón como una ficha en el tablero, recordándole al mundo que la violencia no siempre tiene uniforme; a veces tiene sanciones, bloqueos y operaciones encubiertas.


Los delegados de África y Asia asentían con una comprensión que no necesitaba explicación. Ellos también conocían esa historia: cambiar de bandera no significa cambiar de dueño. Y el Che lo sabía. Por eso, cuando dijo que Cuba no invadía países lejanos ni mantenía bases militares en territorios extranjeros, no lo dijo como defensa: lo dijo como espejo.


Fue entonces cuando ocurrió lo impensable.


Desde la delegación estadounidense, una voz se levantó por encima del murmullo diplomático. Thomas Mann, subsecretario de Estado para Asuntos Latinoamericanos, se puso de pie con el rostro rojo de indignación y gritó:


—¡Usted es un terrorista comunista!


El insulto cayó como un rayo sobre el protocolo sagrado de la ONU. Se hizo un silencio instantáneo y ensordecedor. 193 delegaciones giraron la cabeza al mismo tiempo. Los periodistas se incorporaron. Las cámaras se movieron. Incluso los traductores dudaron un segundo, como si el aire se hubiera vuelto demasiado pesado para traducir una falta de respeto sin precedentes.


El mundo entero —conectado por radio y televisión— quedó suspendido esperando la reacción del Che.


Y ahí vino la primera sorpresa: no se alteró. No gritó. No abandonó el podio indignado. No devolvió el golpe con otro golpe.


Sonrió.


Una sonrisa serena, casi paternal, como la de un maestro que acaba de escuchar una pregunta ingenua de un alumno impaciente. Ese gesto, tan simple, desarmó la escena. Porque una cosa es pelear contra un hombre furioso, y otra muy distinta es quedar expuesto frente a un hombre que no pierde el control.


El Che esperó un instante. Y cuando habló, lo hizo con una calma más poderosa que cualquier grito.


—Gracias, señor representante del gobierno de Estados Unidos, por esa intervención tan ilustrativa.


Un murmullo recorrió el salón. Algunos delegados soltaron una risa suave, sorprendidos por la elegancia del sarcasmo. El Che dejó que el silencio trabajara para él, como un músico que sabe que la pausa también es parte de la melodía.


—Usted acaba de demostrar, mejor de lo que yo podría haber hecho, cuál es el problema fundamental en las relaciones entre Estados Unidos y América Latina: usted no puede concebir que un latinoamericano tenga derecho a hablar como igual en este foro. No puede tolerar que un país pequeño critique las políticas de su gran nación. No puede aceptar que alguien que no se somete a los dictados de Washington tenga voz en los asuntos mundiales.


Y entonces, sin perder la calma, cambió el foco del insulto hacia una pregunta que mordía.


—Usted dice que soy un terrorista. Permítame preguntarle: ¿quién ha arrojado más bombas en la historia? ¿Quién mantiene más bases militares en territorio extranjero? ¿Quién ha derrocado más gobiernos democráticos? ¿Quién ha matado más civiles inocentes en nombre de la libertad?


Los primeros aplausos surgieron tímidos desde la delegación de Argelia. Después se sumó Ghana. Luego Indonesia. Egipto. Y como un fuego que se extiende cuando encuentra oxígeno, el aplauso comenzó a crecer.


Pero el Che no se detuvo. No estaba improvisando una rabieta. Estaba construyendo una respuesta que parecía tener años dentro.


—Usted me llama terrorista porque defendí con las armas la soberanía de mi país adoptivo. Porque luchamos contra una dictadura militar que torturaba y asesinaba. Porque nos negamos a ser una colonia económica.


Y entonces lanzó el golpe más inteligente, el que cambió la temperatura del salón:


—Permítame recordarle algo de historia. ¿Cómo se llamarían hoy George Washington, Thomas Jefferson y Benjamin Franklin si hubieran perdido su guerra de independencia contra el Imperio Británico? Se llamarían terroristas. Insurrectos. Traidores al orden establecido.


El impacto fue inmediato. No era solo una comparación: era un espejo perfecto. El Che acababa de tomar el mito fundacional de Estados Unidos y usarlo como arma moral. Varios delegados se pusieron de pie para aplaudir. Porque en esa frase había una verdad incómoda que la diplomacia rara vez se atreve a decir en voz alta: el vencedor se queda con el título de “libertador”, el derrotado con el de “terrorista”.


—La diferencia, señor Mann —continuó—, es que nosotros ganamos nuestra revolución. Y ustedes no pueden perdonarnos por haber demostrado que el gigante puede ser vencido.


El aplauso creció como una ola. Algunos delegados ya estaban de pie. El salón vibraba.


El Che respiró, y ahora habló sin pedir disculpas por lo que era.


—Usted dice “comunista” como si fuera una acusación. Sí, soy comunista. Creo que los recursos de una nación deben beneficiar al pueblo de esa nación, no a corporaciones extranjeras. Creo que la educación y la salud son derechos humanos, no privilegios. Creo que todo ser humano merece vivir con dignidad, sin importar su color de piel o el tamaño de su cuenta bancaria. Si eso es ser comunista, entonces me siento orgulloso de serlo.


Hubo un silencio breve, tenso, como si todos entendieran que estaban presenciando un momento que se iba a repetir en los libros.


Y entonces el Che apuntó con palabras, no con dedo.


—¿Quién los convierte a ustedes en defensores de la libertad? ¿Apoyar dictaduras como la de Batista? ¿Sostener tiranos en el continente? ¿Derrocar gobiernos elegidos democráticamente? ¿Mantener en la pobreza a millones para asegurar mano de obra barata?


Mann permanecía rígido, con el rostro cada vez más rojo. El insulto que había lanzado se le volvía encima como un boomerang.


El Che, en cambio, parecía más firme cuanto más grande se volvía la sala.


—Yo no soy un terrorista, señor Mann. Soy un revolucionario. Y la diferencia es fundamental. El terrorista siembra miedo y muerte para perpetuar la injusticia. El revolucionario lucha contra la injusticia para construir un mundo mejor. No luchamos para destruir, sino para construir. No luchamos por odio, sino por amor: amor a la justicia, amor a la dignidad humana, amor a la independencia de los pueblos.


Hizo una pausa dramática y remató con una lista que prendió el corazón de América Latina.


—Si eso es terrorismo, entonces Simón Bolívar fue terrorista. José de San Martín fue terrorista. Benito Juárez fue terrorista. José Martí fue terrorista. Todos los que lucharon por la independencia fueron terroristas.


La ovación explotó. Ya no era un aplauso tímido: era un rugido. Delegación tras delegación se puso de pie. Incluso algunos representantes europeos, que rara vez se emocionaban en público, aplaudían. Los periodistas escribían con frenesí, sabiendo que esas palabras viajarían por el mundo más rápido que cualquier comunicado oficial.


El Che levantó la mano para pedir silencio. Poco a poco, el salón se calmó, aunque la energía seguía vibrando como electricidad en la piel.


—Le agradezco su interrupción —dijo, mirando a la delegación estadounidense— porque me ha dado la oportunidad de decir algo fundamental: no nos intimidamos por sus amenazas, no nos doblegamos ante sus presiones económicas, no nos sometemos a sus dictados políticos. Hemos aprendido algo que ustedes no comprenden: la dignidad de un pueblo vale más que todas las comodidades materiales del mundo. Es mejor ser pobre y libre que rico y esclavo. Es mejor morir de pie que vivir de rodillas.


La ovación volvió, larga, sostenida, casi interminable. Dicen que duró más de diez minutos. Diez minutos de un edificio entero temblando con aplausos, como si la ONU, por un instante, recordara para qué existía más allá de los protocolos.


Cuando el Che terminó y abandonó el podio, lo hizo erguido, con la cabeza en alto, con la serenidad de quien sabe que ha transformado un ataque en un triunfo. Mann, en cambio, quedó sentado como una estatua incómoda, víctima de su propia furia. Semanas después, lo apartaron discretamente. Pero el daño —o la lección— ya estaba hecho.


Esa noche, los periódicos del mundo hablaron de “los cinco minutos que cambiaron la diplomacia”. Y es verdad que cambiaron algo: por primera vez, mucha gente que no era cubana escuchó la revolución no como un eslogan, sino como una palabra con dignidad adentro. En África, Asia y América Latina, millones vieron en esa respuesta una prueba de que se podía mirar al poderoso a los ojos sin agachar la cabeza. Que una agresión no tiene por qué definirte. Que el insulto puede convertirse en escalón, si tu carácter es más fuerte que tu orgullo herido.


Y quizá esa sea la parte que más nos toca hoy, sin importar de qué lado estés en la historia: ¿cuántas veces has permitido que un ataque te arrastre a la misma violencia? ¿Cuántas veces has respondido con más rabia, en vez de responder con claridad? A veces, los minutos más importantes de tu vida no son los que te aplauden… sino los que transforman un golpe en una revelación.


Porque hay triunfos que no se ganan con fuerza, sino con dignidad.

jueves, 22 de octubre de 2026

CHINA: ? ES CHINA CAPITALISTA O SOCIALISTA? LA CLAVE ESTA EN QUIÉN TIENE EL PODER ECONÓMICO "



 ¿CHINA ES CAPITALISTA O SOCIALISTA? LA CLAVE ESTÁ EN QUIÉN TIENE EL PODER ECONÓMICO.


Hay quienes aseguran que China es capitalista porque tiene empresas privadas, multimillonarios y mercados financieros, pero confunden dos conceptos fundamentales, la propiedad de los medios de producción y la dirección estratégica de la economía.


Ser propietario significa poseer una empresa, recibir sus ganancias y tomar decisiones sobre su funcionamiento, pero dirigir la economía significa tener el poder para determinar hacia dónde se invierte, qué sectores se desarrollan, cuáles son las prioridades productivas y qué objetivos debe perseguir el crecimiento nacional y esa diferencia es decisiva.


En China, los empresarios privados pueden ser propietarios de sus compañías y acumular riqueza, pero no tienen el control sobre el rumbo económico del país, ya que el Estado conserva el control de sectores estratégicos como la banca, la energía y las grandes infraestructuras y además, mediante políticas industriales, instrumentos financieros, participación accionaria y regulaciones, tiene capacidad para orientar y condicionar las inversiones privadas.


El XV Plan Quinquenal (2026-2030) es una demostración concreta pues en el, las autoridades establecen las prioridades industriales, tecnológicas y sociales del país, y articulan la participación de empresas públicas y privadas para alcanzarlas, en otras palabras, el empresario puede ser dueño de su empresa, pero eso no significa que sea dueño de las decisiones estratégicas que determinan el futuro económico de China.


Y esa dirección estatal ha contribuido a resultados sociales extraordinarios, como el que aproximadamente 800 millones de personas salieron de la pobreza extrema durante cuatro décadas y es por eso que la existencia de capital privado no demuestra que el capitalismo sea el principio rector del sistema chino.


Porque una cosa es permitir que los particulares acumulen capital y otra muy distinta es entregarles el poder para decidir el destino económico de una nación.


En mi nueva columna analizo por qué esta diferencia resulta fundamental para comprender el socialismo con características chinas.


📖 Lee la columna completa en mi blog:

🔗 https://erickgutierrezopinion.blogspot.com/2026/10/china-capitalista-socialista-economia.html


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¡Muchas gracias!


#China #Socialismo #Capitalismo #EconomíaChina #Geopolítica

miércoles, 21 de octubre de 2026

RUSIA, VRS EE.UU : CUMBRE ENTRE ENVIADO De TRUMP Y PUTIN PARA TRATAR DE DETENER Y TERMINAR LA GUERRA DE UCRANIA

 


🇷🇺🇺🇸 El 21 de octubre se celebró en San Petersburgo una reunión del Presidente de la Federación de Rusia, Vladímir Putin, con el Enviado Especial del Presidente de los EE.UU., Steven Witkoff.


💬 Vladímir Putin: Estimado Señor Witkoff, nos alegra mucho verle, esta vez en San Petersburgo.


Sabemos que ayer usted mantuvo una reunión en Noruega y, por supuesto, me interesaría conocer los resultados de esa reunión.


🤝 Quisiera agradecer a usted y al Presidente Trump su atención a los problemas de la resolución de la crisis en Ucrania.


Sé que el Presidente Donald Trump presta especial atención a esto, ante todo por consideraciones humanitarias, y en las conversaciones, incluida la conversación telefónica pasada, hizo hincapié en la necesidad de poner fin a este conflicto, teniendo en cuenta, sobre todo, las bajas entre el personal militar de ambas partes.


Al mismo tiempo, por supuesto, no se trata solo de las bajas entre militares, sino también del sufrimiento de la población civil. En este sentido, quisiera pedirle que transmita las más sinceras palabras de agradecimiento no solo al Presidente, sino también a su esposa, la Primera Dama [Melania Trump], por su contribución a la resolución de asuntos de carácter humanitario.


Y, por supuesto, creo que a Ambas Partes les interesaría abordar los temas relacionados con nuestros planes de restablecimiento de las relaciones bilaterales y de los contactos ruso-estadounidenses, incluido el ámbito de la cooperación económica.


Si usted lo considera posible, por supuesto me interesaría mucho conocer sus valoraciones de la situación en Oriente Medio y en torno a Irán. Usted sabe que tenemos relaciones especiales y de confianza con Irán, con nuestros socios en Irán, nuestros amigos, porque se han forjado durante décadas, y si podemos hacer aunque sea algo para resolver esta crisis, lo haremos con mucho gusto.


Nuestras propuestas en este asunto también son bien conocidas.


Estos y otros temas, sin duda, podrían centrar nuestro intercambio de hoy, incluida una posible reunión en la República Popular China. En este sentido, hay algunas consideraciones que me gustaría compartir con usted.


Le ruego que transmita al Presidente Trump las más sinceras palabras de agradecimiento por sus esfuerzos para resolver la crisis en Ucrania.


Gracias.


***


👉 Referente al diésel, tras el anuncio de Ambas Partes de que habrá suministros a EE.UU., en los mercados mundiales los precios del diésel cayeron inmediatamente un 5–6%.


Ahora estamos preparando los envíos, varios buques petroleros. El primer petrolero partirá dentro de dos o tres días: 40 mil toneladas, y luego los petroleros irán uno tras otro. Aquí solo es importante asegurar la parte financiera para que todo funcione.


En cuanto a los agricultores, sé que el Presidente Donald Trump incluso lo mencionó en nuestras conversaciones telefónicas: también podríamos suministrar fertilizantes al mercado estadounidense, y en gran cantidad.


*Traducción no oficial


🇷🇺🇺🇸 #RusiaEEUU

lunes, 19 de octubre de 2026

GUERRA NUCLEAR: "NO MAS A AMPLIAR EL CONFLICTO CON UCRANIA, QUE LA OTAN DIGA YA " NO AMPLIAREMOS LA ALIANZA HASTA UCRANIA NI GEORGIA"

 


No mas a esta Guerra Estupida

                   ¡GRANDE, JEFFFREY SACHS!


Una noticia de fuentes externas en progreso 
 cortesia del blog educativo de noticias de



 Lic Enildo E Rodriguez Nunez MBA PhDP Asesor Educativo Consultor de Marketing Politico 



"Jeffrey Sachs pronuncia una advertencia contundente contra el impulso hacia la guerra con Rusia y China. 


El liderazgo político de Europa está sacrificando la paz, la soberanía y el desarrollo económico para preservar un orden geopolítico que se desmorona. Desde Ucrania hasta Irán, la negativa a cuestionar la escalada militar amenaza a la humanidad con una catástrofe. La alternativa es la diplomacia entre naciones soberanas, fundamentada en la seguridad mutua y la cooperación económica.


“Dejen de intentar forzar a Rusia a una ‘derrota humillante’. Sobre todo, eviten eso porque es un deseo de muerte. Quieren que algún general estadounidense estúpido diga: ‘Podríamos tomar Kaliningrado, sin problema’. Y luego, cuando Putin diga: ‘Usaremos todos los medios para defenderlo’. Y tener a todos estos analistas estúpidos diciendo: ‘Oh, solo está bluffeando’. Estoy tan harto de estos analistas. ¿Es realmente la idea la humillación?


Entonces, ¿qué es este armamento para ir a la guerra con Rusia? Tienen 1.600 armas nucleares desplegadas activamente. ¿Están bromeando? ¿En qué están pensando? Europa no está defendiendo a Ucrania. Europa está matando a Ucrania. Esto no se trata de un alto el fuego. Se trata de un político europeo que se levante y diga: ‘Señor Putin, la OTAN no se ampliará a Ucrania ni a Georgia. Ahora, detengamos la guerra’. Siéntense y hablen.


Estamos a punto de estar en guerra con China. ¿Por qué? Porque China ha crecido de nuevo. De hecho, tienen una temeridad increíble al tener una economía más grande que la de Estados Unidos. ¿Cómo se atreven a amenazar la hegemonía estadounidense? Esto es una locura. ¿Cuántas guerras necesitamos en este mundo?


Y, por cierto, no oí a Europa murmurar una palabra sobre el ataque de Estados Unidos a Irán. Eso es una violación descarada y asesina de todos y cada uno de los estándares internacionales que tenemos. El día del ataque, el Consejo de Seguridad se reunió esa tarde. Y me pidieron que testificara. Y me senté allí en un shock absoluto creciente. El embajador de Baréin fue el primero en abrir la reunión y dijo: ‘Nos reunimos aquí hoy para condenar el ataque no provocado de Irán contra Baréin’. Bien, pensé: ‘Eso es un poco extraño. ¿No provocado?’ Pero toda la sesión continuó así. El embajador francés, el embajador británico, el embajador griego, nadie en Europa dijo que Estados Unidos no debería haber iniciado una guerra contra Irán.


Mi opinión es que no hay razón para una guerra con Rusia. No hay razón para una guerra con China. No hay razón para un genocidio en Gaza. Por el amor de Dios, honestamente, amo a Europa, pero no a este liderazgo político en este momento. No lo entiendo.”


La humanidad no puede sobrevivir a un orden geopolítico construido sobre la hegemonía imperial y la guerra permanente. La alternativa es el diálogo entre naciones soberanas, la seguridad mutua y la cooperación para la paz y el desarrollo económico en lugar de la catástrofe nuclear."

domingo, 18 de octubre de 2026

ARABIA SAUDITA PAGA EL PRECIO DE APOSTAR POR WASHINGTON E ISRAEL

 


Arabia Saudita paga el precio de apostar por Washington e Israel.


La crisis que vive Arabia Saudita no nació de un mal año petrolero ni de un error aislado de planificación. Es el resultado de una apuesta estratégica muy costosa: Riad buscó acercarse a Estados Unidos e Israel para garantizar su seguridad, contener a Irán y consolidar su proyecto de modernización. Pero esa alianza la colocó en el centro de un conflicto regional que ahora golpea su economía, su imagen y sus planes de futuro.


Durante años, el reino intentó combinar tres objetivos: mantener su relación privilegiada con Washington, avanzar hacia una eventual normalización con Israel y reducir la influencia iraní en la región. Riad buscaba garantías militares estadounidenses, tecnología nuclear y cooperación en seguridad. Sin embargo, ese acercamiento fue interpretado por Irán y sus aliados como una amenaza directa.


La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán convirtió esa tensión en un problema concreto. Cuando Washington e Israel atacaron Irán en febrero de 2026, Teherán respondió con misiles y drones contra Arabia Saudita y otros países del Golfo, además de dificultar el tráfico de petroleros en el estrecho de Ormuz. Arabia Saudita, aliada de Estados Unidos, quedó atrapada en una guerra que no controlaba, pero cuyas consecuencias debía pagar.


Los hutíes de Yemen, respaldados por Irán, intensificaron sus ataques contra el reino. Golpearon aeropuertos, instalaciones petroleras, barcos y rutas marítimas. En julio declararon un bloqueo contra Arabia Saudita y amenazaron con atacar embarcaciones vinculadas al país. El resultado fue una caída drástica de las exportaciones sauditas hacia Asia y una interrupción del comercio en el mar Rojo.


El ataque contra el aeropuerto internacional Rey Jalid, en Riad, dejó al menos trece muertos y más de trescientos heridos. Más allá del dolor humano, el mensaje fue claro: ni la capital ni las infraestructuras más sensibles del país están fuera del alcance del conflicto. Esa vulnerabilidad afecta directamente la confianza de turistas, empresas e inversionistas.


La paradoja es que Arabia Saudita había pedido más protección a Washington, pero no recibió el compromiso militar que esperaba. El presidente Donald Trump no se comprometió a intervenir directamente en su defensa, pese a que Riad solicitó apoyo. Esto dejó al reino obligado a gastar más en misiles, defensas aéreas e inteligencia, mientras sus socios occidentales no ofrecen una protección plena.


La cooperación con Israel también tiene límites. Aunque existen contactos de inteligencia y una coincidencia estratégica frente a Irán, la normalización plena sigue bloqueada por la cuestión palestina. Riad no puede ignorar la opinión pública árabe ni presentar a Israel como un aliado mientras la guerra se extiende y aumentan las víctimas.


El costo económico ya es visible. El Gobierno proyecta una caída del PIB de 3,6 por ciento en 2026, mientras la actividad petrolera se contrae con fuerza. El déficit crece, los fletes se encarecen y los megaproyectos de la Visión 2030 pierden ritmo. La diversificación económica necesita paz, inversiones y rutas comerciales seguras; la guerra destruye justo esas condiciones.


Arabia Saudita quiso comprar seguridad mediante su alianza con Washington e Israel. Hoy descubre que esa seguridad tiene un precio alto y que no está garantizada. Su peor crisis no es solamente militar: es la constatación de que haberse acercado demasiado a la estrategia estadounidense e israelí la dejó expuesta a las represalias de Irán y sus aliados, sin recibir a cambio la protección que esperaba.


#latinoamerica #venezuela #mundo

viernes, 16 de octubre de 2026

ES CHINA EL NUEVO CENTRO DFL MUNDO. "El SOCIALISMO! FRACASO O ESPERANZA"


 ¡SOCIALISMO! ¿FRACASO O ESPERANZA?



¿Es China el nuevo centro del mundo?



https://www.pagina12.com.ar/2026/10/11/es-china-el-nuevo-centro-del-mundo/


Por Álvaro García Linera

10 de octubre de 2026 - AFP


En 1858, Karl Marx expresaba su preocupación de que una eventual revolución europea quedaría reducida geográficamente a un “pequeño rincón” del mundo, dado el movimiento de ascenso de la sociedad burguesa en grandes zonas del planeta como China, Japón, Australia y California (Collected Works, vol. 40).

Han pasado 168 años y las previsiones de Marx han resultado confirmadas por la historia. Hoy China es la economía más grande del planeta. Tomando como medida del PIB la paridad del poder adquisitivo (PPA) —que elimina las distorsiones del tipo de cambio del mercado y las diferencias del costo de vida—, el FMI calcula que la economía de China representa hoy el 19,9 % de la economía mundial; en tanto que la de EE. UU. alcanza al 14,5 %, y la de la Unión Europea (UE), el 14 %. En 1990, el PIB de China llegaba a solo el 3 % del total mundial, el de EE. UU. al 19 % y el de Europa al 23 % (FMI DataMapper, 2026). Si tomamos en cuenta a toda Asia, el PIB continental llega al 49 % del planeta.

Pero China no solo lidera actualmente en el tamaño del PIB, sino también en relación a los fundamentos materiales subyacentes del poderío de las naciones.

En lo que se refiere al valor manufacturero añadido, China genera el 29 % del valor total mundial, en tanto que EE. UU. y la UE aportan el 17 % cada uno (Statista Research, 2025). Se calcula que para 2030, ese poderío llegará al 45 % (ONUDI, 2024). No es un liderazgo exclusivo en la fabricación masiva de juguetes o electrodomésticos, sino también en las áreas de tecnología avanzada y el control de toda la cadena de valor de los productos. China ya es líder en 7 de las 10 industrias más avanzadas del mundo: sistemas de informática y electrónica, químicos, maquinarias y equipos, metales básicos, automotores, metales manufacturados y equipos electrónicos. Por su parte, EE. UU. encabeza la producción de tecnología y servicios de la información —en particular, diseño de chips para IA—, fármacos y otros sectores del transporte (ITIF, 2026).

Para el 2024, en China se fabricaron el 86 % de los paneles solares del planeta, el 80 % de las baterías eléctricas, el 72 % de los autos eléctricos, el 64 % de los smartphones, el 54 % de los robots industriales y el 49 % de los drones (El País, 25, IX, 2026).

En lo que respecta al consumo de electricidad, el ascenso de China ha sido espectacular. En el año 1990, el país consumía menos de 1000 teravatios-hora (TWh), mientras que EE. UU. consumía 3000 TWh. Para el 2025, China ha llegado a los 10 300 TWh, y EE. UU. se ha estancado desde hace 20 años en torno a los 4200 TWh (EIA, 2026).

Además de ello, China es el primer electroestado del mundo, al ser el mayor inversor mundial y el mayor productor de energías alternativas. China es un país que no produce petróleo y, en el último siglo, ha sido uno de los mayores extractores de carbón para generar energía. Sin embargo, en la última década, ha sido el país que más ha aportado a la transición energética global. La capacidad de generación de energía solar que hoy posee es de 1175 TWh, en tanto que el resto del mundo en conjunto genera solo 1600 TWh (Statista, IV, 2026). Hoy, China tiene un complejo productivo con una capacidad de fabricación de paneles solares al año de 1200 TWh, por lo que, superando problemas de almacenaje, en menos de 10 años podría fabricar la cantidad de paneles suficientes como para detener el cambio climático (Tooze, 19. IX, 2025). Ninguna nación del mundo posee hoy esa capacidad de reparación ecológica global.

En general, el crecimiento de la economía china representa entre el 25 % y el 30 % del aumento de la economía mundial. Desde 1990 hasta el 2025, el promedio de crecimiento del PIB ha sido del 8,5 %, llegando algunos años al 14 %, aunque en los últimos años se ha estabilizado en torno al 5 %. Este incomparable desarrollo le ha permitido multiplicar por 54 veces el tamaño de su economía desde 1990, en tanto que EE. UU. lo ha hecho 5,1 veces y la UE, 2,9 veces, en el mismo lapso de tiempo (World Bank, open data, 2026).

En una combinación planificada de apertura a la inversión extranjera, transferencia tecnológica, apoyo a la inversión privada nacional y creación de empresas estatales en áreas estratégicas de la economía, China ha alcanzado este liderazgo manteniendo una tasa de inversión anual que, durante más de dos décadas, se ha movido entre el 35 % y el 45 % respecto al PIB. En comparación, EE. UU. y la UE lo han hecho en torno al 17 % y al 22 %.

En términos de intercambio comercial, desde 1990 al 2025, China ha acumulado un superávit comercial de 9,7 billones de dólares. Solo en el 2025, con una guerra comercial declarada por parte de EE. UU., el superávit llegó a 1,1 billones de dólares (BBC, enero, 2026).

Estos flujos de ingresos le han permitido a China convertirse en el mayor acreedor bilateral del mundo, por encima del Banco Mundial o el FMI. Desde el año 1990 al 2025, China ha hecho préstamos comerciales por valor de 2,2 billones de dólares, incluidos a los EE. UU. (AidData, XI, 2025). Se trata de una cifra ya superior a los 1,3 billones que, en el mismo periodo, ha dispuesto EE. UU. como asistencia militar y económica a países aliados (USAFacts, IX, 2026). Así, mientras China ha creado una infraestructura global de provisión de materias primas y distribución de mercancías (“Ruta de la seda”), los EE. UU. han mantenido ejércitos y líderes serviles a sus designios políticos,

Pese a todo este poderío económico, China, a diferencia de lo que hizo EE. UU. en el siglo XX y, antes, el Reino Unido, no ha establecido aún la hegemonía global de su moneda, no ha desplegado bases militares para garantizar su supremacía política ni tampoco exporta su cultura, ni su sistema político, como modelo a imitar por el resto de los países.

Hoy, el dólar sigue desempeñando la función de moneda de reserva global para el 85 % de las operaciones cambiarias del mundo, cobija el 58 % de las reservas internacionales de los bancos de los Estados y es el operador monetario del SWIFT para la mayoría de los pagos globales (BIS, 25, II, 2026). Pero, China, domésticamente, ya ha creado el segundo mercado de bonos de renta fija más grande del planeta, valorado en 28 billones de dólares, detrás del de EE. UU., que mueve 61 billones de dólares (Deutsche Bank, VII, 2026). Igualmente, posee 3 de los 10 centros financieros más importantes del mundo (Shanghái, Hong Kong y Shenzhen).

En cuanto a las bases militares en el extranjero, China tiene 3, frente a las 750 de los EE. UU. y, de momento, no se la ve interesada en exportar su forma de organización política llamada “socialismo con características chinas”. Y respecto a la expansión cultural, esta recién comienza —videojuegos, estética asiática, plataformas digitales de compra rápida— a medida que el mercado interno cobra importancia para el crecimiento económico. En EE. UU., el consumo interno de los hogares representa el 69 % del PIB; en China, el 40 % (Banco Mundial, 2026). Comparativamente, hace veinte años atrás, el ingreso per cápita de China respecto al de EE. UU. era de 1 a 20. Hoy es de 1 a 3,5. En menos de 50 años será de 1 a 1 (Milanovic, 2026). Todo apunta a que el “Gran Rejuvenecimiento de la Nación China”, con el que sus gobernantes miran la restauración de la grandeza global de su país, no se mide con el apuro de las décadas, sino con la obstinada paciencia de los siglos.

No cabe duda de que China es ya hoy el centro del mundo. Y, frente a ello, no deja de ser patético ver a las élites reaccionarias latinoamericanas desesperarse por conseguir una visa a EE. UU. o comprar un departamento en Madrid para subir su estatus de “modernidad”. Corren enajenados detrás de espejuelos de países que ya solo son “pequeños rincones” del mundo.

*Publicado en la revista Ant/agón, de Red, España.

martes, 13 de octubre de 2026

LA PARADOJA DEL PETROLEO RUSO. LO IMPORTANTE ES LO QUE SE HECE Y NO SE VE

 


🌿🕊️- 🇷🇺🇺🇲🇺🇦 LA PARADOJA DEL PETRÓLEO RUSO. LO IMPORTANTE ES LO QUE SE HACE Y NO SE VE 🌿



En cualquier análisis político, la frase "lo importante es lo que no se ve" —atribuida a Bismarck, aunque de origen incierto— apunta a que el poder real no siempre se muestra en discursos, gestos o escándalos, sino en lo que se decide sin cámara: alianzas, incentivos, silencios, costos ocultos, agendas que no se escriben y favores que no se cobran en público. 




En las últimas horas, esa idea cobra especial relevancia al examinar las decisiones que los gobiernos adoptan en materia de política exterior y energía.


Semanas después de que el senador Richard Blumenthal advirtiera a China e India que compraran petróleo y gas en otro lugar, Trump anunció suministros de diésel ruso y el Tesoro abrió una excepción temporal para autorizar esas transacciones. 


Mientras los negociadores ucranianos discutían en Miami una propuesta para terminar la guerra, Donald Trump habló con Vladímir Putin y anunció un acuerdo que podría llevar hasta 4,8 millones de toneladas de diésel ruso a los mercados estadounidense y mundial. Ocho días antes, Putin había condicionado la reanudación de esas exportaciones al levantamiento de las sanciones contra Moscú.


El caso de la administración de Donald Trump respecto a Rusia y Ucrania ilustra cómo los intereses —económicos, electorales, estratégicos— pueden reconfigurar alianzas y prioridades con una velocidad que a menudo desconcierta a los observadores.


A primera vista, la trayectoria parece contradictoria: Washington había impuesto sanciones a compañías petroleras rusas en octubre de 2025 para privar al Kremlin de recursos que financiaban la guerra contra Ucrania. 


Sin embargo, hace unas horas, Trump anunció un acuerdo con Vladímir Putin para la compra de diésel ruso —más de 300.000 toneladas iniciales, con entregas adicionales que sumarían millones de toneladas—, acompañado de una suspensión temporal de las sanciones energéticas hasta abril de 2027. 


El mandatario justificó la medida con un argumento doméstico: la necesidad de contener los precios del combustible, un factor crítico de cara a las elecciones de medio mandato.


En la vieja y no siempre culta Europa, alineada con Ucrania en la guerra contra Rusia, ello suena a traición; pero desde Estados Unidos se explica como una redefinición de prioridades. 


Lo que desde la perspectiva de Kiev se percibe como un abandono —Zelenski calificó el acuerdo como "un regalo a Putin" y "una decisión débil de socios fuertes"— desde la óptica de Washington puede interpretarse como una maniobra para atender urgencias internas mientras se mantiene, al menos formalmente, la capacidad de imponer aranceles de hasta el 100 % a otros compradores de energía rusa. 


La clave, como sugiere la máxima, reside en identificar qué intereses —visibles e invisibles— operan detrás de cada movimiento.


Mientras los reflectores apuntaban a Miami, donde negociadores ucranianos discutían una propuesta de paz, en Moscú y Washington se cocinaba algo que cambiaría el tablero geopolítico: Trump y Putin sellaban un acuerdo para que el diésel ruso vuelva a los mercados mundiales.


Los hechos que nadie anticipó y que cogió a Europa de sorpresa, comenzaron el  9 de octubre, cuándo Trump anuncia un acuerdo con Putin para el suministro de diésel ruso. Así, más de 300.000 toneladas iniciales, con entregas que podrían llegar a 4,8 millones entrarán al mercado mundial, con un beneficio directo a los Estados Unidos. Esto va acompañado de una suspensión temporal de las sanciones energéticas hasta abril de 2027.


Pero al parecer el acuerdo se materializa ahora, pero venía cocinandose en s creo, de tal manera que nadie lo vió venir· El primer cargamento ya zarpó de San Petersburgo el 22 de septiembre —dos semanas antes del anuncio oficial— y esto avala nuestro dicho.


Hacia norteamerica se dirije ya el  petrolero griego Minerva Zen transporta 275.000 barriles rumbo a la costa este de Estados Unidos.


El acuerdo está signado por contradicciones , pero eso no le importa mucho a Trump. Hace apenas unas semanas, había promulgado la ley Graham, que autoriza aranceles del 500 % a productos rusos.  Hace ocho días: Putin condicionó la reanudación de las exportaciones al levantamiento de sanciones.


·Hoy, Washington flexibiliza las sanciones al diésel ruso mientras los precios del combustible alcanzan 6,28 dólares por galón, de cara a las elecciones de medio mandato.


En cuanto a la actitud ucraniana el dictado imperial es claro : "Podría haber puesto fin a la guerra muchas veces. Le dijimos que podía hacer lo que quisiera contra Rusia, pero que no atacara las refinerías", dijo Trump sobre Zelenski.Tal parece que el acuerdo es un castigo para él presidente ucraniano.


Pero aquí surge una pregunta inevitable: ¿no fue Estados Unidos quien proporcionó inteligencia para atacar precisamente esas refinerías en 2025? La reacción ucraniana fué inmediata diciendo que el acuerdo ha sido : "una bofetada en la cara"


Cómo consecuencia, las conversaciones en Miami terminaron antes de tiempo. La delegación ucraniana, según el Financial Times, se marchó ofendida tras enterarse del acuerdo.


Los negociadores habituales fueron Steve Witkoff y Jared Kushner. El primero, inversor inmobiliario y abogado estadounidense, amigo personal de Donald Trump, se ha convertido en una figura clave de la política exterior de Estados Unidos como enviado especial para Oriente Medio y otros conflictos globales.


 A pesar de carecer de experiencia diplomática previa, ha estado involucrado en las conversaciones para el alto el fuego en Gaza, el intercambio de prisioneros con Rusia y las negociaciones sobre la guerra en Ucrania.


Kushner, por su parte, es un empresario, inversor y figura política estadounidense, conocido principalmente por ser yerno del presidente Donald Trump y por haber sido uno de sus asesores más influyentes. 


Durante el primer mandato de Trump (2017-2021), ocupó el cargo de asesor principal en la Casa Blanca. A pesar de su falta de experiencia política previa, lideró la campaña digital de 2016, impulsó los Acuerdos de Abraham para la normalización de relaciones entre Israel y varios países árabes, y participó en la reforma penal (First Step Act) y en las relaciones con China y México. 


En la segunda administración de Trump no tiene un cargo oficial, pero actúa como asesor externo no remunerado. Ha estado involucrado en negociaciones clave de política exterior, como las conversaciones de paz en Gaza, el acercamiento con Rusia por Ucrania y el diálogo con Irán. 


En resumen, es una figura central en el círculo íntimo de Trump, que combina su actividad empresarial global con una influencia política informal pero decisiva en la diplomacia estadounidense, especialmente en Oriente Medio.


En las últimas horas, tanto Witkoff como Kushner advirtieron a Kiev: Estados Unidos podría suspender el apoyo de inteligencia si no detienen los ataques contra refinerías rusas. 


El presidente Donald Trump ha pedido la dimisión del presidente ucraniano y ha precisado que habían autorizado a Ucrania insistiendo en que no ataque las refinerías rusas por las repercusiones que ello tiene a nivel mundial en la producción de diésel, cuestión que Zelensky no cumplió .


Volodímir Zelenski comenzó entonces una ronda desesperada de llamadas a sus aliados de la OTAN y la Unión Europea después de que Trump afirmara públicamente que debería abandonar el cargo. 


Las llamadas urgentes se produjeron el sábado 10 de octubre de 2026 y se centraron en buscar apoyo europeo, contrarrestar el aislamiento y asegurar el respaldo europeo continuo. En ellas, el líder ucraniano pidió más ayuda militar y sanciones más duras contra Rusia. Entre los contactos figuran:


Emmanuel Macron, presidente de Francia. Es uno de los aliados más activos de Ucrania en Europa y, según los informes, Zelenski habló con él para discutir el fortalecimiento de la defensa aérea ucraniana.


Andy Burnham, primer ministro del Reino Unido. Zelenski conversó con él como parte de su ronda de contactos con aliados clave.


 Alexander Stubb, presidente de Finlandia. Finlandia, país vecino de Rusia y miembro de la OTAN, ha sido un firme partidario de Ucrania.


Jonas Gahr Støre, primer ministro de Noruega. Noruega, aunque no es miembro de la UE, es un socio cercano en defensa y seguridad en el Ártico. Støre ha subrayado la importancia de la solidaridad transatlántica y el apoyo a Ucrania.


En Europa sucede que:Alemania, es el espejo que nadie quiere mirar, y se debe a que es el.pais más afectado por las medidas contra Rusia. Paga ahora el triple por el gas y el petróleo que antes le salía barato con Rusia. Sin embargo la respuesta del pueblo alemán es clara con el acuerdo: 


Los lectores de Die Welt (en alemán, "El Mundo"), diario de circulación nacional y uno de los medios de referencia en Alemania, no ocultan su indignación, diciendo que  "¡A los “salvadores del mundo” alemanes no les va a gustar nada esto! Otra bofetada para los moralistas alemanes".


"¡Qué bien que renunciamos al gas ruso barato! Ahora Estados Unidos posee los derechos sobre el suelo negro de Ucrania, compramos su gas de esquisto y además somos el mayor patrocinador de Ucrania. ¿No somos unos ingenuos?".


"Estados Unidos se está riendo a carcajadas, ganando una barbaridad suministrando GNL de esquisto a Alemania y, para colmo, cargando el coste de sus armas para Kiev a los contribuyentes alemanes".


A los halcones del establishment republicano estadounidense no les hace ninguna gracia el reciente acuerdo entre Donald Trump y Vladímir Putin para comprar diésel ruso. 


No dan crédito: hace apenas unas semanas, Trump firmaba una ley para imponer aranceles drásticos a quienes compraran petróleo ruso, y ahora el Departamento del Tesoro concede una exención de seis meses para importar combustible de Rusia. 


Se ha desatado una rebelión dentro del propio Partido Republicano. Y no solo entre los halcones más beligerantes contra Rusia, sino también entre algunos de los trumpistas más convencidos.


¿Quiénes han puesto el grito en el cielo?


El senador republicano John Kennedy reconoce que hay que bajar el precio del combustible, pero considera inaceptable comprárselo a Putin. Para él, la solución pasa por poner fin a la guerra con Irán.


El representante Brian K. Fitzpatrick, congresista republicano moderado y copresidente del Caucus Ucraniano, ha pasado directamente a la ofensiva. Ha sido una figura central en el apoyo a Ucrania, se ha reunido con Zelenski y ha promovido la "ley Ronald Reagan de Paz a Través de la Fortaleza" para bloquear las compras de petróleo ruso.


 Ahora ha anunciado una iniciativa legislativa para bloquear todas las compras de petróleo ruso: la "ley Ronald Reagan de Paz a Través de la Fortaleza" se someterá a votación mediante petición de descarga y "será aprobada por una mayoría abrumadora".


Laura Loomer, activista política e influencer estadounidense de extrema derecha, promotora de teorías conspirativas, también ha montado en cólera. 


Conocida por ser una aliada incondicional de Donald Trump y por difundir retórica antiislámica y pro Zelenski y el régimen de Ucrania, según ella, Rusia "utilizará los dólares estadounidenses para seguir matando ucranianos y ayudar a Teherán, mientras Irán pone precio a la cabeza del propio Trump y recibe de Moscú datos satelitales para atacar a estadounidenses".


Keith Kellogg, general y exenviado especial de Trump, también ha echado leña al fuego. En Fox News respaldó abiertamente los ataques ucranianos contra las refinerías rusas, asegurando que "Kiev está en guerra y actúa de manera absolutamente correcta", mientras que el Kremlin pretende aprovechar el acuerdo para proteger sus instalaciones de refino.


En realidad, esta reacción dentro del partido del presidente no sorprende demasiado. Después de la guerra contra Irán, el movimiento MAGA y el Partido Republicano parecen haberse convertido en un gallinero donde cada uno cacarea por su cuenta. 


Loomer intenta preservar la "pureza" de su imagen; los halcones temen por sus índices de popularidad, sus escaños y sus donantes; y Kellogg, que lleva tiempo fuera del primer plano político, puede permitirse decir lo que le venga en gana.


El verdadero problema para Trump no está en el Capitolio. Sus detractores no tienen votos suficientes para imponerse a un veto presidencial. El riesgo más serio viene de otro lado: las grandes empresas energéticas y los bancos. 


Cuando los congresistas amenazan abiertamente con imponer aranceles del 100 % y nuevas sanciones, las aseguradoras, los armadores y las refinerías estadounidenses pueden negarse a trabajar con cargamentos de diésel ruso que consideren tóxicos por los riesgos de incumplimiento normativo.


Muchos, ante el pragmatismo de la decisión, dónde son obvias las contradicciones, preguntan  ¿Por qué el primer petrolero zarpó antes del anuncio oficial? La respuesta no la darán ni Putin ni Trump, pero está clara.


Entonces nadie entiende· ¿Cómo se reconcilia autorizar aranceles del 500 % con suspender sanciones al diésel? Y esta pregunta dicta el carácter  de la decisión y el objetivo que cumple 


Y ahora los analistas de cuestionan· ¿Qué pasará con la inteligencia que Estados Unidos proporcionó para atacar refinerías rusas? El propio Trump recogió pita al respecto, tratando de ocultar lo que es evidente.


Trump dice que Zelenski "quiere crear problemas al mundo". Y que le había dicho que no atacara las refinerías rusas.. ¿quién autorizó los ataques y los datos de inteligencia? Sin dudas tal cuestión pone en una situación paradójica a Trump, que quiere culpar a Zelensky de los ataques.


Todo apunta a qué el acuerdo tiene un objetivo electoral político de cara a las elecciones de medio término de noviembre. Al bajar los precios de los combustibles, traería consecuencias positivas, punto que se anotaría Trump.


El caso Trump-Rusia-Ucrania ilustra cómo los intereses —económicos, electorales, estratégicos— reconfiguran alianzas con una velocidad que desconcierta. 


Lo que desde Kiev se percibe como abandono, desde Washington se interpreta como pragmatismo electoral. Lo que desde Europa se ve como traición, desde Moscú se celebra como victoria diplomática. 


La clave, como sugiere Bismarck, está en identificar qué intereses —visibles e invisibles— que operan detrás de cada movimiento. Y mientras tanto, el diésel ruso ya navega hacia Estados Unidos.


Fuentes: Truth Social / RTVE / Tag24 / Telemundo / blumenthal.senate.gov / Axios / The Hill / WELT / NHK World / NRK / VRT NWS / Rai News / VOV / ARY News / AAJ TV.