lunes, 26 de octubre de 2026

LULA DA SILVA GANA OTRA VEZ EN BRAZIL, QUE VIVA LA DEMOCRACIA




Una cortesia del blog educativo de noticias del Lic Enildo E Rodriguez Nunez MBA PhDP Asesor Educativo Consultor de Marketing Politico 



          Así se templó el acero de Lula:


Cuando Lula tenía 17 años, se arrancó un dedo de su mano izquierda con un torno mecánico en un fabrica de tornillos; ahí trabajaba jornadas de 12 horas desde los 14 años. Ese fue el bautizo de obrero metalúrgico que llevó con orgullo el resto de la vida. Muchos años después, luego de perder tres campañas y todavía sin pisar una universidad, con esa misma mano levantaba su certificado electoral que lo acreditaba como presidente de Brasil. Ese día dijo llorando:


“Y yo, que durante tantas veces fui acusado de no tener un título universitario, consigo mi primer diploma, el título de presidente de la República de mi país”.


Antes de eso, había huido en la parte trasera de un camión de su pueblo natal, donde dejó de llegar el agua. Fue embolador de zapatos y vendedor ambulante. “Si no trabajaba, no comía”, le dijo a Flavio Bolsonaro en el debate de la semana pasada cuando se quiso burlar de él diciéndole “nueve dedos”.


Lula hubiese podido quedarse en esa fábrica el resto de su vida, pero se hizo líder sindical luego de que a su hermano José, integrante del Partido Comunista Brasileño, lo metieron preso y lo torturaron durante la dictadura. En lugar de esconderse, Lula lideró la mayor huelga que tuvo Brasil en esa época, bajo estado de sitio y prohibición expresa de los partidos de oposición. Ya no había retorno. Luego fundó el Partido de los Trabajadores, participó en tres campañas presidenciales y una a la gobernación de São Paulo; las perdió todas, hasta que en 2002 venció con más del 60 % de los votos.


El Lula presidente sacó a 30 millones de personas de la pobreza, triplicó el PIB per cápita, convirtió a Brasil en la sexta economía del mundo y pagó anticipadamente la deuda con el FMI, todo en menos de una década.


La única forma en que lograron vencerlo fue metiéndolo preso por 580 días, con una acusación de corrupción que luego la Corte Suprema calificó como “un error histórico”. El juez que metió preso a Lula luego fue nombrado ministro de Justicia de Jair Bolsonaro, que no hubiese podido ser presidente con Lula libre. Mientras estuvo preso, todas las mañanas se reunían los simpatizantes afuera de la cárcel para alentar a Lula: “Buenos días, presidente”, y al atardecer, “Buenas noches, presidente”. Lula contestaba con cartas a mano.


Salió absuelto en 2020, y hoy es ese Bolsonaro el que está preso por intento de golpe de Estado, luego de que Lula ganara por tercera vez las elecciones en 2022 y él intentara tomarse las ramas del poder para desconocer el resultado.


Hoy Lula tiene 80 años; superó el desarraigo, el hambre, la persecución, la cárcel, el cáncer, la muerte de una esposa, un hijo, un nieto y centenares de compañeros, pero se le ve como a los 20: corriendo todas las mañanas, encabezando manifestaciones, dirigiendo un país gigante y enfrentando con calma al que sigue, al hijo influencer de un fascista cuyo primer trabajo fue con un contrato ficticio que le consiguió su papá. Lula ha ganado batallas más difíciles, pero también ha perdido otras, y puede que pierda esta. Incluso si gana, es muy posible que no viva lo suficiente para terminar su mandato; a él no le importa, hace parte de dedicarle la vida a la causa más bonita de la humanidad.

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