martes, 13 de octubre de 2026

LA PARADOJA DEL PETROLEO RUSO. LO IMPORTANTE ES LO QUE SE HECE Y NO SE VE

 


🌿🕊️- 🇷🇺🇺🇲🇺🇦 LA PARADOJA DEL PETRÓLEO RUSO. LO IMPORTANTE ES LO QUE SE HACE Y NO SE VE 🌿



En cualquier análisis político, la frase "lo importante es lo que no se ve" —atribuida a Bismarck, aunque de origen incierto— apunta a que el poder real no siempre se muestra en discursos, gestos o escándalos, sino en lo que se decide sin cámara: alianzas, incentivos, silencios, costos ocultos, agendas que no se escriben y favores que no se cobran en público. 




En las últimas horas, esa idea cobra especial relevancia al examinar las decisiones que los gobiernos adoptan en materia de política exterior y energía.


Semanas después de que el senador Richard Blumenthal advirtiera a China e India que compraran petróleo y gas en otro lugar, Trump anunció suministros de diésel ruso y el Tesoro abrió una excepción temporal para autorizar esas transacciones. 


Mientras los negociadores ucranianos discutían en Miami una propuesta para terminar la guerra, Donald Trump habló con Vladímir Putin y anunció un acuerdo que podría llevar hasta 4,8 millones de toneladas de diésel ruso a los mercados estadounidense y mundial. Ocho días antes, Putin había condicionado la reanudación de esas exportaciones al levantamiento de las sanciones contra Moscú.


El caso de la administración de Donald Trump respecto a Rusia y Ucrania ilustra cómo los intereses —económicos, electorales, estratégicos— pueden reconfigurar alianzas y prioridades con una velocidad que a menudo desconcierta a los observadores.


A primera vista, la trayectoria parece contradictoria: Washington había impuesto sanciones a compañías petroleras rusas en octubre de 2025 para privar al Kremlin de recursos que financiaban la guerra contra Ucrania. 


Sin embargo, hace unas horas, Trump anunció un acuerdo con Vladímir Putin para la compra de diésel ruso —más de 300.000 toneladas iniciales, con entregas adicionales que sumarían millones de toneladas—, acompañado de una suspensión temporal de las sanciones energéticas hasta abril de 2027. 


El mandatario justificó la medida con un argumento doméstico: la necesidad de contener los precios del combustible, un factor crítico de cara a las elecciones de medio mandato.


En la vieja y no siempre culta Europa, alineada con Ucrania en la guerra contra Rusia, ello suena a traición; pero desde Estados Unidos se explica como una redefinición de prioridades. 


Lo que desde la perspectiva de Kiev se percibe como un abandono —Zelenski calificó el acuerdo como "un regalo a Putin" y "una decisión débil de socios fuertes"— desde la óptica de Washington puede interpretarse como una maniobra para atender urgencias internas mientras se mantiene, al menos formalmente, la capacidad de imponer aranceles de hasta el 100 % a otros compradores de energía rusa. 


La clave, como sugiere la máxima, reside en identificar qué intereses —visibles e invisibles— operan detrás de cada movimiento.


Mientras los reflectores apuntaban a Miami, donde negociadores ucranianos discutían una propuesta de paz, en Moscú y Washington se cocinaba algo que cambiaría el tablero geopolítico: Trump y Putin sellaban un acuerdo para que el diésel ruso vuelva a los mercados mundiales.


Los hechos que nadie anticipó y que cogió a Europa de sorpresa, comenzaron el  9 de octubre, cuándo Trump anuncia un acuerdo con Putin para el suministro de diésel ruso. Así, más de 300.000 toneladas iniciales, con entregas que podrían llegar a 4,8 millones entrarán al mercado mundial, con un beneficio directo a los Estados Unidos. Esto va acompañado de una suspensión temporal de las sanciones energéticas hasta abril de 2027.


Pero al parecer el acuerdo se materializa ahora, pero venía cocinandose en s creo, de tal manera que nadie lo vió venir· El primer cargamento ya zarpó de San Petersburgo el 22 de septiembre —dos semanas antes del anuncio oficial— y esto avala nuestro dicho.


Hacia norteamerica se dirije ya el  petrolero griego Minerva Zen transporta 275.000 barriles rumbo a la costa este de Estados Unidos.


El acuerdo está signado por contradicciones , pero eso no le importa mucho a Trump. Hace apenas unas semanas, había promulgado la ley Graham, que autoriza aranceles del 500 % a productos rusos.  Hace ocho días: Putin condicionó la reanudación de las exportaciones al levantamiento de sanciones.


·Hoy, Washington flexibiliza las sanciones al diésel ruso mientras los precios del combustible alcanzan 6,28 dólares por galón, de cara a las elecciones de medio mandato.


En cuanto a la actitud ucraniana el dictado imperial es claro : "Podría haber puesto fin a la guerra muchas veces. Le dijimos que podía hacer lo que quisiera contra Rusia, pero que no atacara las refinerías", dijo Trump sobre Zelenski.Tal parece que el acuerdo es un castigo para él presidente ucraniano.


Pero aquí surge una pregunta inevitable: ¿no fue Estados Unidos quien proporcionó inteligencia para atacar precisamente esas refinerías en 2025? La reacción ucraniana fué inmediata diciendo que el acuerdo ha sido : "una bofetada en la cara"


Cómo consecuencia, las conversaciones en Miami terminaron antes de tiempo. La delegación ucraniana, según el Financial Times, se marchó ofendida tras enterarse del acuerdo.


Los negociadores habituales fueron Steve Witkoff y Jared Kushner. El primero, inversor inmobiliario y abogado estadounidense, amigo personal de Donald Trump, se ha convertido en una figura clave de la política exterior de Estados Unidos como enviado especial para Oriente Medio y otros conflictos globales.


 A pesar de carecer de experiencia diplomática previa, ha estado involucrado en las conversaciones para el alto el fuego en Gaza, el intercambio de prisioneros con Rusia y las negociaciones sobre la guerra en Ucrania.


Kushner, por su parte, es un empresario, inversor y figura política estadounidense, conocido principalmente por ser yerno del presidente Donald Trump y por haber sido uno de sus asesores más influyentes. 


Durante el primer mandato de Trump (2017-2021), ocupó el cargo de asesor principal en la Casa Blanca. A pesar de su falta de experiencia política previa, lideró la campaña digital de 2016, impulsó los Acuerdos de Abraham para la normalización de relaciones entre Israel y varios países árabes, y participó en la reforma penal (First Step Act) y en las relaciones con China y México. 


En la segunda administración de Trump no tiene un cargo oficial, pero actúa como asesor externo no remunerado. Ha estado involucrado en negociaciones clave de política exterior, como las conversaciones de paz en Gaza, el acercamiento con Rusia por Ucrania y el diálogo con Irán. 


En resumen, es una figura central en el círculo íntimo de Trump, que combina su actividad empresarial global con una influencia política informal pero decisiva en la diplomacia estadounidense, especialmente en Oriente Medio.


En las últimas horas, tanto Witkoff como Kushner advirtieron a Kiev: Estados Unidos podría suspender el apoyo de inteligencia si no detienen los ataques contra refinerías rusas. 


El presidente Donald Trump ha pedido la dimisión del presidente ucraniano y ha precisado que habían autorizado a Ucrania insistiendo en que no ataque las refinerías rusas por las repercusiones que ello tiene a nivel mundial en la producción de diésel, cuestión que Zelensky no cumplió .


Volodímir Zelenski comenzó entonces una ronda desesperada de llamadas a sus aliados de la OTAN y la Unión Europea después de que Trump afirmara públicamente que debería abandonar el cargo. 


Las llamadas urgentes se produjeron el sábado 10 de octubre de 2026 y se centraron en buscar apoyo europeo, contrarrestar el aislamiento y asegurar el respaldo europeo continuo. En ellas, el líder ucraniano pidió más ayuda militar y sanciones más duras contra Rusia. Entre los contactos figuran:


Emmanuel Macron, presidente de Francia. Es uno de los aliados más activos de Ucrania en Europa y, según los informes, Zelenski habló con él para discutir el fortalecimiento de la defensa aérea ucraniana.


Andy Burnham, primer ministro del Reino Unido. Zelenski conversó con él como parte de su ronda de contactos con aliados clave.


 Alexander Stubb, presidente de Finlandia. Finlandia, país vecino de Rusia y miembro de la OTAN, ha sido un firme partidario de Ucrania.


Jonas Gahr Støre, primer ministro de Noruega. Noruega, aunque no es miembro de la UE, es un socio cercano en defensa y seguridad en el Ártico. Støre ha subrayado la importancia de la solidaridad transatlántica y el apoyo a Ucrania.


En Europa sucede que:Alemania, es el espejo que nadie quiere mirar, y se debe a que es el.pais más afectado por las medidas contra Rusia. Paga ahora el triple por el gas y el petróleo que antes le salía barato con Rusia. Sin embargo la respuesta del pueblo alemán es clara con el acuerdo: 


Los lectores de Die Welt (en alemán, "El Mundo"), diario de circulación nacional y uno de los medios de referencia en Alemania, no ocultan su indignación, diciendo que  "¡A los “salvadores del mundo” alemanes no les va a gustar nada esto! Otra bofetada para los moralistas alemanes".


"¡Qué bien que renunciamos al gas ruso barato! Ahora Estados Unidos posee los derechos sobre el suelo negro de Ucrania, compramos su gas de esquisto y además somos el mayor patrocinador de Ucrania. ¿No somos unos ingenuos?".


"Estados Unidos se está riendo a carcajadas, ganando una barbaridad suministrando GNL de esquisto a Alemania y, para colmo, cargando el coste de sus armas para Kiev a los contribuyentes alemanes".


A los halcones del establishment republicano estadounidense no les hace ninguna gracia el reciente acuerdo entre Donald Trump y Vladímir Putin para comprar diésel ruso. 


No dan crédito: hace apenas unas semanas, Trump firmaba una ley para imponer aranceles drásticos a quienes compraran petróleo ruso, y ahora el Departamento del Tesoro concede una exención de seis meses para importar combustible de Rusia. 


Se ha desatado una rebelión dentro del propio Partido Republicano. Y no solo entre los halcones más beligerantes contra Rusia, sino también entre algunos de los trumpistas más convencidos.


¿Quiénes han puesto el grito en el cielo?


El senador republicano John Kennedy reconoce que hay que bajar el precio del combustible, pero considera inaceptable comprárselo a Putin. Para él, la solución pasa por poner fin a la guerra con Irán.


El representante Brian K. Fitzpatrick, congresista republicano moderado y copresidente del Caucus Ucraniano, ha pasado directamente a la ofensiva. Ha sido una figura central en el apoyo a Ucrania, se ha reunido con Zelenski y ha promovido la "ley Ronald Reagan de Paz a Través de la Fortaleza" para bloquear las compras de petróleo ruso.


 Ahora ha anunciado una iniciativa legislativa para bloquear todas las compras de petróleo ruso: la "ley Ronald Reagan de Paz a Través de la Fortaleza" se someterá a votación mediante petición de descarga y "será aprobada por una mayoría abrumadora".


Laura Loomer, activista política e influencer estadounidense de extrema derecha, promotora de teorías conspirativas, también ha montado en cólera. 


Conocida por ser una aliada incondicional de Donald Trump y por difundir retórica antiislámica y pro Zelenski y el régimen de Ucrania, según ella, Rusia "utilizará los dólares estadounidenses para seguir matando ucranianos y ayudar a Teherán, mientras Irán pone precio a la cabeza del propio Trump y recibe de Moscú datos satelitales para atacar a estadounidenses".


Keith Kellogg, general y exenviado especial de Trump, también ha echado leña al fuego. En Fox News respaldó abiertamente los ataques ucranianos contra las refinerías rusas, asegurando que "Kiev está en guerra y actúa de manera absolutamente correcta", mientras que el Kremlin pretende aprovechar el acuerdo para proteger sus instalaciones de refino.


En realidad, esta reacción dentro del partido del presidente no sorprende demasiado. Después de la guerra contra Irán, el movimiento MAGA y el Partido Republicano parecen haberse convertido en un gallinero donde cada uno cacarea por su cuenta. 


Loomer intenta preservar la "pureza" de su imagen; los halcones temen por sus índices de popularidad, sus escaños y sus donantes; y Kellogg, que lleva tiempo fuera del primer plano político, puede permitirse decir lo que le venga en gana.


El verdadero problema para Trump no está en el Capitolio. Sus detractores no tienen votos suficientes para imponerse a un veto presidencial. El riesgo más serio viene de otro lado: las grandes empresas energéticas y los bancos. 


Cuando los congresistas amenazan abiertamente con imponer aranceles del 100 % y nuevas sanciones, las aseguradoras, los armadores y las refinerías estadounidenses pueden negarse a trabajar con cargamentos de diésel ruso que consideren tóxicos por los riesgos de incumplimiento normativo.


Muchos, ante el pragmatismo de la decisión, dónde son obvias las contradicciones, preguntan  ¿Por qué el primer petrolero zarpó antes del anuncio oficial? La respuesta no la darán ni Putin ni Trump, pero está clara.


Entonces nadie entiende· ¿Cómo se reconcilia autorizar aranceles del 500 % con suspender sanciones al diésel? Y esta pregunta dicta el carácter  de la decisión y el objetivo que cumple 


Y ahora los analistas de cuestionan· ¿Qué pasará con la inteligencia que Estados Unidos proporcionó para atacar refinerías rusas? El propio Trump recogió pita al respecto, tratando de ocultar lo que es evidente.


Trump dice que Zelenski "quiere crear problemas al mundo". Y que le había dicho que no atacara las refinerías rusas.. ¿quién autorizó los ataques y los datos de inteligencia? Sin dudas tal cuestión pone en una situación paradójica a Trump, que quiere culpar a Zelensky de los ataques.


Todo apunta a qué el acuerdo tiene un objetivo electoral político de cara a las elecciones de medio término de noviembre. Al bajar los precios de los combustibles, traería consecuencias positivas, punto que se anotaría Trump.


El caso Trump-Rusia-Ucrania ilustra cómo los intereses —económicos, electorales, estratégicos— reconfiguran alianzas con una velocidad que desconcierta. 


Lo que desde Kiev se percibe como abandono, desde Washington se interpreta como pragmatismo electoral. Lo que desde Europa se ve como traición, desde Moscú se celebra como victoria diplomática. 


La clave, como sugiere Bismarck, está en identificar qué intereses —visibles e invisibles— que operan detrás de cada movimiento. Y mientras tanto, el diésel ruso ya navega hacia Estados Unidos.


Fuentes: Truth Social / RTVE / Tag24 / Telemundo / blumenthal.senate.gov / Axios / The Hill / WELT / NHK World / NRK / VRT NWS / Rai News / VOV / ARY News / AAJ TV.

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